Columna exclusiva por: Olivier Boinais, Advanced Customer Interface Director, FORVIA.
Por décadas, la industria automotriz ha sido una de las expresiones más visibles del progreso industrial. En poco más de un siglo, el automóvil pasó de ser una innovación incipiente a convertirse en un elemento central de la vida moderna, con una expansión sin precedentes: de prácticamente cero vehículos en 1900, a más de 150 autos por cada 1,000 habitantes en 2010.
Pero hoy, esa historia de éxito enfrenta su capítulo más complejo. La industria no solo debe seguir innovando: debe transformarse profundamente para responder a tres fuerzas simultáneas que están redefiniendo su futuro, la descarbonización, la digitalización y un cambio radical en las expectativas del consumidor.
En este nuevo contexto, es momento de replantear un concepto que ha acompañado a la industria desde sus orígenes: la belleza automotriz.
La belleza se ha entendido como una combinación de diseño exterior, desempeño y estética. Sin embargo, hoy ese concepto ha evolucionado hacia algo mucho más sofisticado. La verdadera belleza de un vehículo ya no reside únicamente en su forma, sino en su capacidad de integrar tecnología, experiencia de usuario y sostenibilidad en un solo sistema coherente.
El automóvil contemporáneo es, en muchos sentidos, uno de los objetos más complejos que utilizamos en la vida diaria. Hoy hablamos del automóvil como un “tercer espacio”: un entorno que conecta el hogar y el trabajo, donde las personas pueden interactuar, trabajar, entretenerse o simplemente desconectarse. En este nuevo espacio, la interfaz hombre-máquina (HMI) se vuelve el corazón de la experiencia, habilitando interacciones cada vez más intuitivas, personalizadas y seguras.
Este cambio también redefine lo que los consumidores valoran. Estudios recientes muestran que el diseño sigue siendo un factor determinante: 75% de los conductores consideran la forma del vehículo relevante, mientras que elementos como el tablero, los asientos y las pantallas adquieren una importancia creciente, especialmente entre las nuevas generaciones.
Sin embargo, detrás de esta evolución visible existe una realidad menos evidente, pero igual de crítica: la complejidad industrial. La industria automotriz produce más de 90 millones de vehículos al año a nivel global, lo que implica coordinar cadenas de suministro altamente sofisticadas y fabricar miles de millones de componentes con estándares de calidad cercanos al cero defecto. Además, hasta el 75% del valor de un vehículo proviene de proveedores, lo que refleja la profundidad y relevancia del ecosistema industrial que sostiene al sector.
En este entorno, la “belleza” también se manifiesta en la excelencia operativa: en la capacidad de producir a gran escala con precisión, eficiencia y adaptabilidad, integrando innovaciones constantes sin comprometer calidad ni costo. Pero si hay un elemento que redefine de manera más profunda el concepto de belleza en la industria, es la sostenibilidad.
La transición hacia una movilidad baja en carbono no se limita a la electrificación. Implica repensar completamente el ciclo de vida del vehículo: desde los materiales hasta los procesos de producción y reciclaje. Hoy, diseñar un automóvil “hermoso” también significa diseñarlo para emitir menos, pesar menos y durar más. Esto requiere avances en múltiples frentes: desde el desarrollo de materiales con hasta 85% menos emisiones de CO₂, hasta la optimización energética de sistemas clave como la gestión de baterías y la electrónica de potencia.
En paralelo, la industria enfrenta una reconfiguración geográfica sin precedentes. Nuevos polos de innovación, particularmente en Asia, están acelerando el desarrollo tecnológico y redefiniendo la competencia global. Esto obliga a repensar no solo dónde se produce, sino cómo se construyen cadenas de valor más resilientes, eficientes y sostenibles.
Frente a este escenario, la verdadera belleza de la industria automotriz radica en su capacidad de reinventarse. Empresas como FORVIA tienen la responsabilidad y oportunidad de liderar el cambio, integrando diseño, tecnología e impacto ambiental en soluciones que definan la movilidad del futuro.
Porque, en última instancia, la industria automotriz no solo diseña vehículos. Diseña la forma en la que las personas se mueven, se conectan y experimentan el mundo.
Y es precisamente en esa intersección, entre innovación, experiencia y propósito, donde hoy encontramos su verdadera belleza.
Acerca de FORVIA:
Misión: “Somos pioneros en tecnología para experiencias de movilidad que importan a las personas”.
FORVIA, proveedor global de tecnología automotriz, reúne las fortalezas tecnológicas e industriales complementarias de Faurecia y HELLA. Con alrededor de 250 sitios industriales y 78 centros de I+D, más de 150,000 personas, incluidos más de 15,000 ingenieros de I+D en más de 40 países, FORVIA ofrece un enfoque único e integral para los desafíos automotrices de hoy y del futuro. Compuesto por 6 grupos de negocio y con un sólido portafolio de propiedad intelectual que incluye más de 13,000 patentes, FORVIA se enfoca en convertirse en el socio preferido de innovación e integración para los fabricantes de equipo original (OEM) en todo el mundo. En 2024, el Grupo alcanzó ingresos consolidados de 27 mil millones de euros. FORVIA SE cotiza en el mercado Euronext París bajo el código mnemónico FRVIA y forma parte del índice CAC SBT 1.5°. FORVIA aspira a ser un agente de cambio comprometido con anticipar y hacer realidad la transformación de la movilidad. www.forvia.com
Presencia en México
En el país, FORVIA cuenta con la presencia de 6 grupos de negocio: Interiores, Asientos, Clean Mobility, Electrónicos, Iluminación y Lifecycle Solutions. Están distribuidos en 23 plantas, 3 Centros de Investigación y Desarrollo, 1 aftermarket y 2 sitios de Oficinas Centrales, uno para Faurecia y otro para Hella. Además, cuenta con un centro de capacitación y desarrollo denominado FORVIA University.