En Estados Unidos, 15,724 empresas se declararon en bancarrota ante cortes federales en un período de 12 meses a junio del 2023. En Alemania, la cifra es similar: 14,597 registros de suspensión de pagos en 2022. En México, no hay cifras formalmente comparables. INEGI, en su censo empresarial de 2019, reporta que la vida activa promedio de una empresa manufacturera en México es de 9.7 años.
Cuando metes en el buscador de internet el concepto “10 razones porque las empresas fracasan”, recibes 100 respuestas diferentes. Entendible, porque las razones son diferentes para cada sector, región geográfica y tamaño de la empresa.
Hay algunos temas que se mencionan con frecuencia. Actualmente, una de las más referidas es “falta de liquidez”. En realidad, la falta de liquidez es una consecuencia, causada por otros factores externos e internos. Uno de los más comunes es comprometer los recursos de la empresa para expandir el negocio, reduciendo la capacidad de responder a sus acreedores.
Luego están los factores clásicos: el mercado y la economía, o más bien la incapacidad de la empresa para reaccionar adecuadamente a los cambios del entorno.
Una razón de fondo que se menciona repetidamente es: malas prácticas de administración de la empresa. En general, se refiere simplemente a que por falta de controles, y de lineamientos claros, los ejecutivos toman malas decisiones.
Bernhard Marr, consultor de estrategia empresarial, en un artículo en Forbes Magazine, menciona dos elementos complementarios. Una es la complacencia de los líderes que descansan sobre sus éxitos pasados. La otra es no dar la importancia debida a los criterios de sostenibilidad, dejando de responder a las expectativas de los grupos de interés.
Las buenas prácticas de administración se definen en dos aspectos que hay que fortalecer en la empresa para responder a los retos del negocio y darle certeza a accionistas, colaboradores y socios comerciales:
• Una política de Integridad que facilita que las personas tomen decisiones correctas y se eviten los actos indebidos
• Sistemas de gestión de Gobernanza Empresarial que aseguren el logro de las metas, la confiabilidad de los procesos y el cumplimiento normativo, apuntalados por la prevención y mitigación de riesgos.
La existencia y el funcionamiento correcto de estas políticas y sistemas de gestión en una empresa son fáciles de verificar. Un sencillo autoanálisis nos permite identificar las áreas de oportunidad.
La política de Integridad tiene dos elementos. El primero es un Código de Conducta que sirve como guía a todos los colaboradores para su actuación diaria. El segundo es un sistema de denuncia que permite que cualquier persona, interna o externa, manifieste sus preocupaciones con la confianza que van a ser atendidas y que no habrá represalias.
La Gobernanza Empresarial requiere de cuatro sistemas de gestión que están relacionados.
La Gestión de Objetivos asegura que todos los colaboradores conozcan cuál es su contribución al logro de las metas de la empresa.
La Gestión de Procesos comúnmente se conoce como el “sistema de gestión de la calidad” y se certifica con ISO 9000 o una norma similar. Muchas empresas lo tienen, pero pocas lo usan realmente para gestionar el día a día. Por eso nos encontramos frecuentemente con empresas que están certificadas, y que aun así tienen fallas en sus procesos, productos y servicios.
La Gestión de Cumplimiento Regulatorio es lo que generalmente se conoce como “Compliance”. Asegurar el cumplimiento con leyes y normas requiere, en primer lugar, identificar todas las regulaciones, y luego establecer en que procesos y bajo la responsabilidad de quien se puede garantizar el cumplimiento. El Compliance incluye el cumplimiento de las reglas de conducta, especialmente las relacionadas con los conflictos de interés y la prevención de la corrupción.
Y finalmente, se requiere tener un sistema de Gestión de Riesgos Operativos. Se trata de reconocer que el cumplimiento de los objetivos, de los procesos y de las leyes y normas requiere de identificar en forma sistemática el riesgo de incumplimiento para poder tomar acciones de prevención y mitigación.
Para ordenar los sistemas que ya tenemos, e implementar los que nos faltan, hay que nombrar a un solo responsable en la organización. Un error que cometen muchas empresas es asignar la coordinación de los sistemas de gestión a diferentes personas, como actividad adicional a sus tareas habituales.
Una condición indispensable para que funcionen los sistemas de Gobernanza y las políticas de Integridad, es que todas las personas que toman decisiones y que supervisan personal en la empresa (los que “gestionan”) apliquen los sistemas en su área de responsabilidad. El Oficial de Ética y Cumplimiento coordina, asesora y reporta los resultados.
Una vez que nuestros sistemas de Gobernanza e Integridad están implementados y funcionando, podemos agregarle los compromisos sociales y ambientales por los cuales nos queremos distinguir como empresa. La Gobernanza nos ayudará a asegurar que también estos compromisos se cumplan. Antes solíamos hablar de Responsabilidad Social Empresarial. Hoy en día, la combinación de Responsabilidad Ecológica y Social con Gobernanza e Integridad es la nueva definición de Sostenibilidad para la empresa y se conoce por sus tres siglas: ESG.
La empresa que se gestiona bajo estos criterios no solamente hace una aportación a la sociedad y al planeta, sino que fortalece su resiliencia y su capacidad de prosperar y crecer en el mediano y largo plazo.
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¿Por qué fracasan las empresas?
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