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Del ciclo de vida al ciclo de valor: el siguiente paso hacia una movilidad más circular

Olivier Boinais, Advanced Customer Interface Director de FORVIA, analiza cómo la economía circular en la industria automotriz permite extender la vida útil de los componentes, recuperar materiales y optimizar recursos mediante el diseño, la reparación y el reciclaje.

Escrito por Olivier Boinais, Advanced Customer Interface Director, FORVIA. 

¿Qué pasa cuando dejamos de pensar en un componente como un producto con un punto final y comenzamos a verlo como un recurso capaz de conservar su valor?

En la industria automotriz, reemplazar un componente que ha llegado al final de su vida útil suele parecer la decisión más lógica. Sin embargo, detrás de esta práctica existe una oportunidad que la industria comienza a abordar con mayor profundidad: extender el valor de los productos y materiales más allá de su primera aplicación.

La economía circular plantea precisamente este cambio de perspectiva. En lugar de considerar el ciclo de un componente como una línea que comienza con la extracción de materias primas y termina con su desecho, propone mantener los recursos en circulación durante el mayor tiempo posible, preservando su funcionalidad y valor.

Para una industria caracterizada por su capacidad de innovación, esto representa un reto que va más allá de la gestión de residuos. Implica incorporar criterios de circularidad desde las primeras etapas de desarrollo de un producto y reconsiderar cómo se diseña, fabrica, mantiene, repara y recupera cada componente.

Más que acciones independientes, representan distintas oportunidades para optimizar el uso de recursos a lo largo del ciclo de vida de los productos.

La circularidad comienza en el diseño

Una estrategia de economía circular efectiva no puede depender exclusivamente de lo que ocurre cuando un producto llega al final de su vida útil. Una parte fundamental de su impacto se determina mucho antes, durante su concepción.

El diseño puede favorecer una mayor durabilidad, facilitar la reparación y el mantenimiento, reducir el uso de materiales o permitir un desmontaje más eficiente. De la misma manera, la selección de materiales puede considerar desde el inicio las posibilidades de recuperación y reciclaje.

Esto requiere incorporar una perspectiva de ciclo de vida a las decisiones de ingeniería.

El objetivo no es únicamente desarrollar componentes que cumplan con los requerimientos de desempeño, seguridad y calidad para los que fueron concebidos, sino también considerar qué posibilidades existen para preservar su valor una vez que dejan de desempeñar su función original.

Esta aproximación también redefine el concepto de innovación. En una industria donde históricamente el progreso se ha asociado con el desarrollo de nuevas tecnologías y productos, la circularidad plantea una dimensión adicional: innovar para utilizar mejor los recursos que ya existen.

Reducir, reparar, reciclar y recuperar

Los cuatro principios de circularidad permiten abordar diferentes etapas del ciclo de vida de un producto.

Reducir implica optimizar el uso de materiales y recursos desde el diseño y los procesos de manufactura, buscando soluciones que mantengan o mejoren el desempeño con una utilización más eficiente de los recursos.

Reparar permite extender la vida funcional de determinados componentes y sistemas. Cuando técnicamente es posible recuperar la funcionalidad de una pieza en lugar de sustituirla por completo, también se reduce la necesidad de utilizar recursos adicionales para producir un reemplazo.

Reciclar requiere considerar la recuperación de materiales desde la etapa de diseño. La composición de un componente, la facilidad para separar sus materiales y los procesos necesarios para recuperarlos pueden determinar qué tan viable será reincorporarlos a nuevos ciclos productivos.

Recuperar, finalmente, busca preservar el valor de productos y materiales que todavía pueden tener una utilidad, evitando que recursos potencialmente aprovechables sean considerados residuos de manera prematura.

La relevancia de estos principios está en su integración. La circularidad no debe entenderse como una actividad que ocurre después de la fabricación, sino como un criterio transversal que puede incorporarse a las diferentes etapas de desarrollo y operación de un producto.

Del ciclo de vida al ciclo de valor

Quizá uno de los cambios más importantes que plantea la economía circular sea conceptual.

Hablar de “fin de vida” implica asumir que existe un punto en el que un producto deja de tener valor. Una perspectiva circular propone, en cambio, identificar qué valor puede conservarse, recuperarse o transformarse después de su primera aplicación.

Un componente que puede repararse. Un material que puede recuperarse. Una pieza que puede reutilizarse. Un recurso que puede regresar a la cadena productiva.

Cada una de estas posibilidades requiere innovación, capacidades técnicas y modelos de colaboración, pero también una manera diferente de diseñar y tomar decisiones.

Para FORVIA, avanzar hacia una movilidad más circular implica promover la integración esta perspectiva en el desarrollo de soluciones para la movilidad: buscando reducir el consumo de recursos, prolongar la vida útil de los componentes y fomentar que los materiales permanezcan en circulación ello resulte técnica y económicamente viable.

La movilidad del futuro no dependerá únicamente de las tecnologías que incorpore un vehículo, sino también de la manera en que la industria gestione los recursos necesarios para construirlo.

Por ello, el desafío ya no consiste solamente en producir de manera más eficiente.

Consiste en diseñar pensando en todo lo que puede venir después.


Fuente: https://www.forvia.com/en/insights/innovating-circular-mobility-reduce-repair-recycle-recover

Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y se basa en información pública disponible de FORVIA sobre sus iniciativas relacionadas con economía circular y movilidad sostenible

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