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CIIAM 2026: industria automotriz pide certeza en el T-MEC para fortalecer la competitividad regional

Representantes de México, Estados Unidos y Canadá analizaron el futuro del T-MEC y destacaron la necesidad de certeza, reglas claras, contenido regional, infraestructura y una cadena de suministro integrada para fortalecer la competitividad automotriz.

Ciudad de México, 29 de septiembre de 2026.- Durante el panel ejecutivo “T-MEC 2026: ¿Qué Sigue para la Industria Automotriz?”, celebrado en la vigésima cuarta edición del Congreso Internacional de la Industria Automotriz en México (CIIAM), representantes de la industria automotriz de Estados Unidos, México y Canadá analizaron los principales retos que enfrenta la región ante la revisión del tratado comercial.

La conversación, moderada por Walter Rentzsch, VP de Market Intelligence de MEMA, partió de una premisa: la industria automotriz norteamericana opera como una cadena productiva integrada, en la que componentes y vehículos cruzan las fronteras de los tres países en diferentes etapas de manufactura.

Rentzsch explicó que las decisiones de producción automotriz no se toman únicamente a escala nacional, sino considerando la región como un sistema productivo. Por ello, señaló que la competitividad de los proveedores estadounidenses está estrechamente relacionada con la integración de las cadenas de suministro de América del Norte.

“No tenemos tres industrias separadas en Estados Unidos. Tenemos un sistema de producción altamente integrado que abarca los tres países.”

El representante de MEMA también identificó la incertidumbre como uno de los principales riesgos para los proveedores, debido a que las inversiones de la industria requieren planeación con varios años de anticipación. En este contexto, sostuvo que preservar un T-MEC estable y predecible resulta tan relevante como los términos específicos que se modifiquen durante el proceso de revisión.

Reglas de origen y competitividad norteamericana

Desde la perspectiva estadounidense, Matt Blunt, presidente del American Automotive Policy Council, planteó que el acuerdo ha contribuido a desarrollar la producción automotriz regional. De acuerdo con su intervención, alrededor de 68% de la producción automotriz de América del Norte se concentra actualmente en Estados Unidos y, desde 2018, se han registrado aproximadamente 450,000 millones de dólares de inversión automotriz en la región, de los cuales cerca de tres cuartas partes corresponden a Estados Unidos.

Blunt consideró que las reglas de origen del T-MEC han funcionado como una herramienta de desarrollo económico y destacó que cualquier modificación debe considerar los costos adicionales que enfrentaría la industria.

“Ha funcionado. Ha impulsado una enorme inversión en América del Norte en general y en Estados Unidos en particular.”

Uno de los puntos señalados por el representante estadounidense fue la necesidad de evitar que los vehículos fabricados dentro de América del Norte bajo las reglas de origen del T-MEC enfrenten costos arancelarios superiores a los de vehículos importados desde otras regiones. También planteó que cualquier modificación al acuerdo debe implementarse mediante periodos de transición adecuados.

Para Rogelio Garza, presidente ejecutivo de AMIA, el desafío también pasa por recuperar la competitividad regional y establecer condiciones que permitan a las empresas planear inversiones y producción con mayor certidumbre.

“Lo primero para mí es que necesitamos certeza y reglas claras del juego.”

Garza relacionó esta necesidad de certidumbre con la competencia internacional, particularmente frente al crecimiento de China en distintos mercados. En su intervención, también planteó que América del Norte debe trabajar para reducir barreras entre sus propios integrantes y fortalecer las reglas de origen si busca disminuir su dependencia de otras regiones.

Más contenido regional, pero sin elevar los costos

La discusión coincidió en que incrementar el contenido regional representa una oportunidad, pero también implica riesgos si los nuevos requerimientos aumentan los costos sin generar beneficios arancelarios equivalentes.

Blunt advirtió que elevar las exigencias de las reglas de origen puede incrementar los costos de producción y señaló que cualquier nuevo requisito debe considerar los tiempos necesarios para desarrollar proveedores y trasladar determinadas operaciones hacia América del Norte.

En este punto, Garza destacó la necesidad de establecer prioridades y trabajar de manera coordinada entre gobiernos y empresas para identificar qué componentes pueden ser relocalizados y bajo qué plazos. Según su intervención, el proceso requiere tiempo para desarrollar proveedores, modificar fuentes de suministro y generar las capacidades necesarias dentro de la región.

Desde Canadá, Lucas Malinowski, presidente y CEO de Global Automakers of Canada, puso énfasis en que la integración norteamericana también debe contemplar las capacidades particulares de cada país. Señaló que Canadá puede desempeñar un papel relevante en el desarrollo de minerales necesarios para las baterías y la electrificación, pero consideró necesario avanzar tanto en la extracción como en la incorporación de esos recursos a cadenas productivas regionales.

“Necesitamos hacer mucho más y mucho más rápido en términos de acceder a esos minerales, y no solamente extraerlos, sino también desarrollar la producción de baterías tanto como podamos en América del Norte.”

Infraestructura, talento y certidumbre de largo plazo

La conversación también abordó las condiciones que permitirán sostener la competitividad más allá de la negociación comercial. Para Francisco N. González, presidente ejecutivo de INA, uno de los principales retos para México será fortalecer la infraestructura, particularmente ante las nuevas necesidades energéticas derivadas de la automatización, la inteligencia artificial y el crecimiento de los centros de datos.

“La cosa que tenemos que mejorar obviamente es la energía y, en general, la infraestructura, porque hemos estado sufriendo por el éxito de la industria.”

González vinculó esta necesidad con el crecimiento acelerado de la industria en México y con la importancia de contar con infraestructura suficiente para acompañar ese desarrollo.

Hacia el cierre, los participantes coincidieron en la relevancia de contar con un horizonte de planeación de largo plazo. Blunt señaló que las empresas necesitan un acuerdo que permita tomar decisiones de inversión considerando ciclos de producción y abastecimiento de entre cinco y diez años.

Para Garza, el objetivo debe ser un T-MEC que genere beneficios para los tres países y proporcione certeza y reglas claras para las empresas que toman decisiones de inversión en la región.

En conjunto, el panel planteó que la revisión del T-MEC no se limita a modificar reglas comerciales: para la industria automotriz, el proceso está directamente relacionado con la capacidad de América del Norte para mantener una cadena de suministro integrada, desarrollar contenido regional, atraer inversiones y competir internacionalmente sin perder flexibilidad ni elevar de manera desproporcionada los costos de producción.

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