León, Guanajuato, 3 de septiembre de 2026.- La evolución del entorno comercial entre México, Estados Unidos y Canadá está llevando a las empresas a fortalecer sus mecanismos de prevención, análisis y seguimiento de riesgos. Para la industria automotriz, este proceso implica revisar no solamente el cumplimiento de las reglas de origen y los aspectos arancelarios, sino también la situación financiera, legal, fiscal y crediticia de los integrantes de las cadenas de suministro.
En entrevista para Cluster Industrial, Diana Chávez, especialista en riesgo fiscal, regulatorio y crediticio en CIAL Dun & Bradstreet, explicó que las empresas enfrentan un escenario que dejó de ser temporal y que requiere una gestión preventiva de sus operaciones y contrapartes.
De acuerdo con Chávez, las compañías deben prestar especial atención a sus terceros, documentar sus operaciones y conocer con mayor profundidad a los proveedores que participan en sus cadenas de suministro. Esta necesidad adquiere mayor relevancia ante las revisiones comerciales y regulatorias que impactan a sectores como el automotriz, logístico, electrónico, energético y de aluminio.
T-MEC: el riesgo va más allá de los aranceles
Para Chávez, el T-MEC está generando un entorno en el que las empresas deben incorporar el análisis preventivo como parte de sus decisiones operativas. La especialista señaló que las compañías necesitan identificar los riesgos relacionados con sus contratantes y mantener mecanismos de verificación y trazabilidad de las operaciones.
“Esta parte preventiva, nosotros incentivamos mucho a que las empresas tengan una parte preventiva de este tipo de análisis y que puedan identificar justo principalmente los proveedores con los cuales están trabajando.”
La especialista consideró que los cambios comerciales representan un ajuste estructural para los negocios, particularmente porque la incertidumbre puede modificar las decisiones de inversión. Cuando las empresas perciben mayores niveles de riesgo, explicó, pueden aplazar inversiones o reducir sus horizontes de largo plazo, con efectos especialmente relevantes para industrias como la automotriz y la logística.
En este contexto, Chávez destacó que los riesgos asociados al T-MEC no deben analizarse únicamente desde la perspectiva arancelaria. También deben considerarse posibles impactos financieros, legales, fiscales y de cumplimiento que podrían trasladarse entre los distintos participantes de una relación comercial.
La documentación de los procesos, el origen de los insumos y el momento en que estos ingresan a una cadena de producción se vuelven elementos relevantes para responder ante las revisiones y requerimientos de las contrapartes.
Proveeduría: conocer las capas de la cadena
En la industria automotriz, uno de los principales retos identificados por Chávez está en ampliar el conocimiento de la cadena de suministro más allá de los proveedores directos. La especialista recomendó mapear tanto a los proveedores de nivel 1 como a los niveles 2, 3 y posteriores.
El objetivo es conocer el origen de los insumos, las posibles concentraciones de proveedores y las dependencias geográficas existentes dentro de la cadena. A su vez, este análisis debe considerar la situación financiera, crediticia, legal, fiscal y de cumplimiento de las empresas involucradas.
“Es mapear, bueno, pues, no solo sus proveedores directos, sino justo sus proveedores también indirectos.”
Chávez explicó que una interrupción en algún punto de la cadena puede convertirse inicialmente en un problema operativo, pero posteriormente generar consecuencias financieras o de cumplimiento. Por ello, conocer a los proveedores y monitorear sus condiciones es parte de una estrategia para reducir posibles dependencias y anticipar afectaciones.
La preparación de los proveedores mexicanos también ha avanzado mediante la automatización de procesos y la creación de mecanismos de evaluación durante el proceso de incorporación de nuevos socios comerciales. Según la especialista, las empresas pueden comenzar con revisiones generales y profundizar posteriormente en aspectos legales o financieros dependiendo del nivel de riesgo y de la relación comercial.
“Más que nada, porque Cial es el Centro de Información de América Latina y ahí tenemos muchísima información que compartimos, no solo nacional, sino internacional.”
Para las empresas Tier 2 y Tier 3 que buscan integrarse a cadenas encabezadas por OEM o Tier 1, contar con información financiera y crediticia sólida, así como documentación legal, fiscal y de cumplimiento, adquiere mayor relevancia. Chávez señaló que el mercado está incrementando la evaluación de estos factores y que el monitoreo debe continuar después del onboarding.
“El mercado ya está cambiando a evaluar justo esta parte para tener información suficiente tras salida completa de las operaciones y también el monitoreo constante de ellas.”
Nearshoring e inversión: oportunidad con nuevos criterios de riesgo
El nearshoring mantiene una oportunidad para México, aunque el proceso de inversión se desarrolla bajo condiciones que exigen mayor análisis. Chávez consideró que el país puede aprovechar la coyuntura para establecer procesos y actividades productivas, siempre que las empresas puedan demostrar que las operaciones efectivamente se realizan en territorio nacional.
Para la especialista, uno de los elementos centrales en las decisiones de inversión es definir los plazos y evaluar cómo la incertidumbre comercial puede modificar el horizonte de los proyectos.
“El Nearshoring la verdad es que tiene una oportunidad muy grande en nuestro país.”
La reconfiguración de las cadenas también está generando una mayor atención sobre las condiciones particulares de las distintas regiones de México. Chávez señaló que la percepción y las oportunidades pueden variar entre el norte y el sur del país, mientras que diferentes sectores —entre ellos automotriz, energético, agroindustrial, retail y servicios— trabajan en mecanismos para prevenir riesgos derivados de los cambios comerciales.
En este escenario, las empresas mexicanas han avanzado en materia de prevención y regulación, pero deben mantener una vigilancia constante sobre las nuevas disposiciones y los cambios que puedan modificar sus operaciones.
“Entonces sí es algo muy importante que ha venido trabajando de manera constante con las empresas en México, las pymes principalmente.”
De cara al cierre de 2026 y el inicio de 2027, la recomendación central de Chávez es adoptar una visión integral del riesgo. En lugar de analizar de manera aislada los aspectos financieros, crediticios, legales, fiscales o regulatorios, propone integrarlos en un análisis de 360 grados.
La especialista también plantea identificar las dependencias existentes dentro de las cadenas de suministro, conocer la concentración de proveedores y mantener un monitoreo permanente de las empresas relacionadas. Para Chávez, el proceso no termina con la incorporación de un proveedor, sino que debe continuar durante toda la relación comercial.
“Si las empresas conocen a su proveedor y lo monitorean, con esto pueden conocer completamente también su cadena de suministro.”
Así, para la industria automotriz mexicana, el nuevo escenario comercial implica que la competitividad de las cadenas no depende únicamente de costos o capacidad productiva. La trazabilidad, el cumplimiento y el conocimiento de las contrapartes se convierten en elementos relevantes para mantener operaciones y aprovechar las oportunidades vinculadas con la integración regional y el nearshoring.