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La expansión industrial en EE. UU. impulsa la "movilidad patrimonial" entre ejecutivos y familias empresarias en México

● La expansión de industrias como inteligencia artificial, semiconductores y manufactura avanzada está cambiando la forma en que profesionistas, altos ejecutivos, empresarios y sus familias planean su patrimonio, desarrollan su talento y construyen su futuro.

Ciudad de México, a 3 de agosto de 2026. Durante muchos años asumimos que la ventaja competitiva de un profesionista mexicano consistía en estudiar más, obtener un posgrado en el extranjero o dominar un segundo idioma. Hoy esa ecuación ya no explica por sí sola quién puede participar en las oportunidades que está generando la nueva economía estadounidense.

Estados Unidos atraviesa uno de los ciclos de inversión industrial más relevantes de las últimas décadas. Sectores como inteligencia artificial, semiconductores, manufactura avanzada, defensa y tecnología están impulsando proyectos de gran escala y una creciente demanda de talento especializado.

La Semiconductor Industry Association reporta que, a julio de 2025, las empresas del ecosistema de semiconductores habían anunciado más de medio billón de dólares en inversiones privadas para ampliar la capacidad productiva de Estados Unidos. La organización también estima que los proyectos anunciados crearán o sostendrán más de 525,000 empleos, incluyendo aproximadamente 71,000 puestos dentro del propio ecosistema de semiconductores y 122,000 empleos de construcción.

Texas se ha convertido en uno de los principales destinos de esta nueva inversión industrial. En junio de 2026, el gobierno estatal informó que una cartera de proyectos de expansión y relocalización empresarial representó cerca de 9,000 millones de dólares en inversión de capital y más de 9,700 nuevos empleos. Entre las empresas reconocidas se encuentran Wistron, MTU Aero Engines, Scotiabank, Southwest Airlines, Tesla y SpaceX.

A esta tendencia se suma el proyecto presentado por SpaceX para desarrollar en Texas una planta de semiconductores y cómputo avanzado con una inversión inicial estimada en 55,000 millones de dólares, de acuerdo con Reuters. El anuncio ilustra la dimensión que están adquiriendo las inversiones relacionadas con infraestructura tecnológica, aunque el proyecto permanece sujeto a procesos de evaluación, autorizaciones y ejecución.

La demanda laboral también confirma la profundidad del cambio. El U.S. Bureau of Labor Statistics proyecta que las ocupaciones relacionadas con computación y tecnologías de la información crecerán a un ritmo considerablemente superior al promedio del mercado laboral estadounidense entre 2024 y 2034. En ese periodo se esperan alrededor de 317,700 vacantes anuales, considerando tanto nuevos puestos como reemplazos de trabajadores. 

Detrás de estas cifras no sólo existe una fuerte demanda de ingenieros, científicos y perfiles ejecutivos. También aumenta la necesidad de profesionales que cuenten con la elegibilidad legal requerida para incorporarse a determinadas industrias sujetas a regulaciones sobre seguridad nacional, comercio de tecnología y exportación de información técnica.

En actividades reguladas por las normas estadounidenses de control de exportaciones, algunas posiciones pueden requerir que el candidato reúna la condición de “U.S. person”. Conforme a la definición utilizada bajo ITAR, esta categoría incluye, entre otros perfiles, a ciudadanos y residentes permanentes legales. Esto no aplica de manera general a toda la industria tecnológica ni significa que una residencia garantice una contratación, pero sí puede ampliar el universo de posiciones disponibles para determinados perfiles.

La diferencia radica hoy menos en las credenciales académicas y más en la factibilidad legal de integrarse a dicho mercado.

“Lo que estamos observando no es una falta de talento mexicano. Todo lo contrario. El talento existe y es altamente competitivo”, señala Juan Carlos Eguiarte, Country Manager de BAI Capital en México.
“La conversación cambió. Hace algunos años empresarios y altos ejecutivos nos preguntaban principalmente dónde invertir. Hoy esa pregunta viene acompañada de otras igual de importantes: ¿dónde tendrán mayores oportunidades nuestros hijos?, ¿en qué mercados podrán desarrollar su carrera?, ¿cómo construimos un patrimonio que también amplíe sus opciones de vida dentro de diez o veinte años?”

Esta evolución también está transformando la manera en que muchas personas y familias toman decisiones de largo plazo. Cada vez con mayor frecuencia observamos que líderes empresariales e inversionistas integran bajo una misma estrategia decisiones que antes analizaban por separado: dónde invertir, dónde desarrollar talento, dónde educar a la siguiente generación y cómo diversificar patrimonio entre distintas jurisdicciones.

Es precisamente ahí donde comienza a tomar forma un concepto más amplio que la simple migración patrimonial: la movilidad patrimonial.

La movilidad patrimonial parte de una idea sencilla: el patrimonio ya no sólo debe preservar valor; también debe ampliar las opciones de una persona o una familia. Opciones para invertir, desarrollar talento, estudiar, trabajar, emprender y construir patrimonio en distintas jurisdicciones a lo largo del tiempo.

Desde la experiencia de BAI Capital acompañando a inversionistas mexicanos interesados en mercados internacionales, este cambio de perspectiva se refleja en un creciente interés por activos institucionales denominados en dólares que, además de responder a fundamentos económicos de largo plazo, puedan formar parte de una estrategia patrimonial integral.

Dentro de ese universo, el programa federal EB-5 representa una de las alternativas reguladas para canalizar inversión privada hacia proyectos productivos en Estados Unidos. El programa requiere actualmente una inversión de 1.05 millones de dólares, o de 800,000 dólares cuando se realiza en una zona de empleo objetivo o en determinados proyectos de infraestructura, así como la creación de al menos diez empleos de tiempo completo conforme a las reglas aplicables.

Creado por el Congreso estadounidense en 1990, el EB-5 fue concebido como un instrumento de desarrollo económico y generación de empleo. Un estudio publicado en 2025 por Invest in the USA estimó que, entre 2016 y 2019, los proyectos asociados al programa movilizaron aproximadamente 75,000 millones de dólares de inversión total y aportaron 184,000 millones de dólares al producto interno bruto estadounidense. Estas cifras consideran el capital completo de los proyectos y sus efectos económicos, por lo que no deben interpretarse como inversión EB-5 directa exclusivamente.

Para profesionistas, empresarios e inversionistas elegibles, el programa también puede formar parte de una planeación de residencia permanente. Su aprobación, los plazos migratorios, la recuperación del capital y cualquier rendimiento dependen del cumplimiento legal, del proceso de USCIS y de los riesgos particulares de cada inversión.

“Durante muchos años pensamos que diversificar significaba distribuir el patrimonio entre distintas clases de activos”, concluye Eguiarte. “Hoy creo que esa definición se quedó corta. La verdadera diversificación también consiste en ampliar las opciones de una familia entre distintas jurisdicciones. Eso es, en esencia, la movilidad patrimonial. Porque el patrimonio ya no se mide únicamente por lo que una persona posee, sino por las oportunidades que es capaz de crear para las siguientes generaciones.”

La transformación que vive la economía norteamericana no sólo está modificando dónde se invierte el capital o dónde se genera la innovación. También está redefiniendo la manera en que profesionistas, altos ejecutivos, empresarios y sus familias entienden el patrimonio, la planeación de largo plazo y la preparación de la siguiente generación para competir en una economía cada vez más integrada.

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