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GM va más allá del automóvil: desarrolla baterías de iones de sodio para la red eléctrica

GM avanza en el desarrollo de baterías de iones de sodio para almacenamiento energético a gran escala, en colaboración con Peak Energy y GM Ventures.

San Francisco, California, 10 de junio de 2026.– General Motors avanza en el desarrollo de una nueva generación de celdas de batería enfocadas en almacenamiento energético a escala de red eléctrica en Estados Unidos. La compañía trabaja en tecnología de baterías de iones de sodio junto con Peak Energy, con el respaldo estratégico de GM Ventures, en una apuesta que amplía su experiencia en baterías más allá de los vehículos eléctricos.

Durante décadas, la evolución de las baterías se ha medido principalmente por su densidad energética, potencia y velocidad de carga. Estos atributos siguen siendo fundamentales para la movilidad eléctrica; sin embargo, el crecimiento en la demanda de electricidad, impulsado también por centros de datos y nuevas cargas energéticas en Estados Unidos, está llevando la discusión hacia otro terreno: almacenamiento estacionario confiable, accesible y de larga duración.

Las celdas de iones de sodio que desarrolla GM están pensadas para empresas de servicios públicos, hyperscalers y proveedores que requieren soluciones de almacenamiento donde la prioridad no es reducir peso o maximizar autonomía vehicular, sino entregar energía estable en condiciones reales de operación.

La química adecuada para cada aplicación

La estrategia de GM parte de una premisa clara: asignar la química adecuada a cada necesidad. Así como esta lógica ha guiado el desarrollo de sus vehículos, ahora también orienta la visión de la compañía para la red eléctrica.

Una batería de iones de sodio funciona de manera similar a una batería de iones de litio, al almacenar y liberar energía mediante el movimiento de iones durante los ciclos de carga y descarga. Sodio y litio pertenecen a la misma columna de la tabla periódica, por lo que comparten similitudes químicas relevantes. Sin embargo, sus diferencias abren oportunidades para diseñar baterías con un perfil de desempeño específico para aplicaciones estacionarias.

En almacenamiento energético a escala de red, una celda más robusta y segura permite reducir complejidad en otras partes del sistema. Esto puede traducirse en soluciones más simples, silenciosas y con menores requerimientos de mantenimiento para el cliente.

Frente a químicas ya establecidas, los iones de sodio tienen potencial para operar en un rango más amplio de temperaturas y durante un mayor número de ciclos. Esto abre la posibilidad de sistemas de almacenamiento sin enfriamiento activo y con menor complejidad general. En instalaciones de gran escala, evitar o reducir sistemas de enfriamiento puede disminuir hardware, mantenimiento, pérdidas energéticas, ruido y posibilidades de falla, todos ellos factores que inciden directamente en el costo total de operación.

En ese punto se vuelve estratégica la colaboración con Peak Energy, cuya plataforma de almacenamiento ya demuestra cómo las fortalezas del sodio pueden traducirse en menores costos y mayor confiabilidad. Para operadores de almacenamiento estacionario, esa combinación representa activos más seguros, con menor intervención operativa y mayor eficiencia económica.

Una tecnología con margen de desarrollo

La apuesta por los iones de sodio no implica que esta química deba resolver todos los retos desde el primer día. De hecho, uno de sus mayores atributos es el amplio margen de desarrollo que todavía conserva.

La química litio-ferrofosfato (LFP) ha tenido avances significativos durante los últimos 25 años, pero conforme madura, esas mejoras comienzan a estabilizarse. En contraste, los iones de sodio se encuentran en una etapa más temprana de su curva tecnológica, con mayor espacio para impulsar mejoras relevantes.

El sodio es uno de los elementos más abundantes del planeta, lo que plantea una ruta hacia sistemas de baterías construidos con materiales más accesibles y con mayor resiliencia de largo plazo. Además, debido a que las celdas de iones de sodio comparten similitudes arquitectónicas con las de iones de litio, GM puede aplicar su experiencia en diseño de celdas, prototipado e industrialización para acelerar el avance de esta nueva química.

El desarrollo de la próxima generación de celdas de iones de sodio busca incrementar su densidad energética, con potencial para superar con el tiempo a químicas más maduras, incluida la LFP. En un mercado condicionado por presión en costos, crecimiento de demanda energética y riesgos geopolíticos, ese factor podría convertirse en una ventaja competitiva importante.

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De los vehículos eléctricos a la red eléctrica

GM desarrolla esta estrategia desde su experiencia en baterías en Estados Unidos, con la mira puesta en un mercado eléctrico que requiere soluciones durables, rentables y escalables.

El trabajo parte de Warren, Míchigan, donde la compañía consolidó un centro de investigación y desarrollo de baterías. Desde ahí ha impulsado químicas como LMR para vehículos eléctricos, y ahora extiende esa capacidad del vehículo hacia la red eléctrica.

Como parte de este proceso, GM comenzará este año el prototipado de celdas de iones de sodio diseñadas específicamente para almacenamiento estacionario en el Wallace Battery Cell Innovation Center.

En paralelo, la compañía también responde a la demanda inmediata de la red eléctrica mediante un portafolio más amplio de soluciones. A través de Ultium Cells, su empresa conjunta con LG Energy Solution, GM acelerará la producción de baterías LFP para el negocio comercial de almacenamiento energético de LG Energy Solution. Esto muestra cómo la infraestructura industrial y la experiencia manufacturera ya existentes pueden utilizarse para llevar soluciones de almacenamiento a la red con mayor rapidez.

Segunda vida para baterías de vehículos eléctricos

La estrategia energética de GM también incluye el uso de baterías reutilizadas de vehículos eléctricos. Junto con Redwood Materials, la compañía despliega alrededor de 10,000 baterías de GM en infraestructura energética, incluido el centro de datos de inteligencia artificial de Crusoe en Sparks, Nevada.

A partir de 2027, también está previsto desplegar paquetes de baterías de segunda vida en una de las plantas de GM en Míchigan. Cerca de 100 paquetes aportarían 7.2 MWh de energía entregable y permitirían ahorros superiores a 3 millones de dólares en costos locales de electricidad a lo largo de la vida útil de la instalación.

En este contexto, GM se posiciona como la primera compañía automotriz en asociarse con Redwood a lo largo de todo el ciclo de vida de la batería, desde el reciclaje de residuos de manufactura hasta el despliegue de baterías de segunda vida como sistemas de almacenamiento energético.

Una automotriz que amplía su papel en energía

Con esta estrategia, GM busca ir más allá de su papel tradicional como fabricante de vehículos. Su experiencia en baterías, talento técnico, infraestructura industrial y capacidad de escalamiento comienzan a colocarse también al servicio de la red eléctrica.

Si el desarrollo alcanza su potencial, el resultado no será únicamente una nueva generación de baterías, sino una participación más activa de GM en la construcción de un sistema energético más resiliente, accesible y adaptable. En un entorno donde la movilidad eléctrica, los centros de datos y la electrificación industrial elevan la presión sobre la red, la frontera entre automotriz y energía comienza a volverse cada vez más estrecha.

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