Ciudad de México a 4 de Noviembre 2026.- Ante un escenario global y nacional donde el cambio climático acelera sus efectos —con un calentamiento promedio en México que ya alcanza los 1.9°C y proyecciones de riesgo físico que exigen una respuesta inmediata de los sectores productivos—, la industria de los Fideicomisos de Inversión en Bienes Raíces (FIBRAs) en México ha elevado sus estándares de gobernanza y sostenibilidad financiera.
Durante el webinar especializado "Riesgo Climático y Resiliencia en la Toma de Decisiones: FIBRAs Unidas Hacia un Mundo Sustentable", organizado por la Asociación Mexicana de Fibras Inmobiliarias (AMEFIBRA), se dio a conocer que el sector ha logrado que el 42% de su Área Bruta Rentable (ABR) —que totaliza cerca de 14 millones de metros cuadrados distribuidos en más de 2,000 propiedades— cuente ya con certificaciones internacionales de edificación sustentable como LEED o EDGE.
Al inaugurar el encuentro, Jorge Ávalos Carpinteyro, presidente de AMEFIBRA y CEO de Fibra Mty, destacó que la evolución del sector responde a una convicción profunda de los operadores y directivos para blindar los portafolios a largo plazo:
“Hoy más que nunca, la sustentabilidad dejó de ser una capa accesoria para convertirse en el núcleo de la estrategia de negocio y de la gestión de riesgos a gran escala. Desde el frente de las FIBRAs, y en procesos de expansión tan significativos como el que recientemente hemos consolidado en Fibra Mty tras integrar a Fibra Macquarie para superar los 5.5 millones de metros cuadrados de ABR, entendemos que la resiliencia operativa, la eficiencia energética y los criterios ASG son los cimientos indispensables para proteger el valor del patrimonio de nuestros inversionistas y asegurar una competitividad sostenible de cara al futuro.”
Los datos presentados en el informe muestran un crecimiento de 36% en la generación y uso de energías renovables, así como una reducción de 10% en el consumo hídrico a nivel sectorial. Asimismo, el 40% de las FIBRAs recurrió durante el último ciclo a instrumentos de financiamiento sostenible por un monto cercano a los 61,000 millones de pesos, demostrando que la transición ecológica optimiza costos y otorga certidumbre ante los mercados bursátiles.
La urgencia de esta transformación fue respaldada por el Dr. Francisco Estrada, coordinador de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, quien advirtió durante su ponencia que las pérdidas económicas acumuladas por cambio climático en el país durante el presente sexenio podrían equivaler al 25% del Producto Interno Bruto (PIB), afectando directamente a los grandes centros urbanos y corredores industriales. Ante este panorama de mayor frecuencia en eventos extremos y estrés térmico, el investigador subrayó que la gestión de riesgos físicos y la adaptación de la infraestructura inmobiliaria ya son determinantes para la estabilidad macroeconómica.
Para hacer frente a estos desafíos, la supervisión institucional desde los órganos de gobierno corporativo juega un papel fundamental. Al respecto, Marimar Torreblanca, CEO de Miranda ESG, enfatizó que la integración de la estrategia ASG en los consejos de administración ha dejado de ser un ejercicio de cumplimiento secundario para convertirse en un eje rector de supervisión de riesgos, asegurando que la materialidad climática se traduzca en decisiones financieras y operativas eficaces.
Por su parte, Josefina Moisés, directora general de AMEFIBRA, enfatizó la accesibilidad y el dinamismo de estos vehículos de inversión para el público general y los inversionistas institucionales:
“A través de esta inversión se puede capturar plusvalía y generar ingresos pasivos. Es un instrumento muy tangible respaldado por bienes inmuebles y con ingresos derivados de las rentas, permitiendo que cualquier persona invierta en el sector inmobiliario nacional con total transparencia y distribuciones trimestrales.”
Con un marco fiscal que obliga a la distribución de al menos el 95% del resultado fiscal a los tenedores de Certificados Bursátiles Fiduciarios Inmobiliarios (CBFIs), las FIBRAs reafirman su posición como el vehículo más transparente y líquido de México para enfrentar los retos climáticos del siglo XXI, sentando las bases para una economía de bajas emisiones y alta resiliencia.