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El futuro no se espera, se prepara: 20 años de Guanajuato Puerto Interior

A 20 años de su creación, Guanajuato Puerto Interior confirma que el desarrollo industrial no se mide solo en inversiones o infraestructura, sino en la capacidad de formar talento, construir confianza y preparar a las nuevas generaciones para competir en un entorno global cada vez más exigente.

Por: Héctor López Santillana, Director General de Guanajuato Puerto Interior.

Cuando pienso en Guanajuato Puerto Interior a 20 años de distancia, no pienso primero en las hectáreas, ni en la inversión acumulada, ni siquiera en el número de empresas que hoy lo integran. Pienso, antes que nada, en el propósito que le dio origen.

Puerto Interior nació con una idea muy clara: diversificar la economía de Guanajuato para abrir oportunidades de empleo y desarrollo a una población joven que buscaba un destino distinto al de generaciones anteriores. En aquellos años, miles de jóvenes en el estado soñaban y querían algo diferente. El hijo del zapatero ya no necesariamente quería dedicarse al zapato; el hijo del agricultor quería nuevas posibilidades; la hija del artesano también aspiraba a otra ruta. Guanajuato era todavía, en buena medida, un estado de migrantes, de personas que se iban porque aquí no encontraban suficientes oportunidades para construir su proyecto de vida. Ése era el fondo del problema, y ésa era también la dimensión del reto.

Por eso, desde el principio tuvimos claro que el objetivo no era solamente atraer capital. Nunca se trató de traer inversión por traerla. Se trataba de atraer colaboración para desarrollar capacidades propias. Ésa fue, para mí, una diferencia sustantiva. La apuesta no podía ser únicamente por la maquila o por actividades de bajo valor agregado. Tenía que ser una apuesta por construir una plataforma que nos permitiera escalar, aprender, integrarnos a cadenas de valor más complejas y preparar a nuestra gente para una economía distinta.

Ésa fue también la razón por la que Guanajuato Puerto Interior no fue pensado como el espacio natural de las grandes armadoras, sino como un nodo para el desarrollo de la cadena de suministro que las alimenta. Ya existía una base importante con empresas tractoras, pero lo que necesitábamos era articular alrededor de ellas un ecosistema completo: proveedores, logística, talento, formación técnica, infraestructura confiable y servicios capaces de sostener operaciones de clase mundial. Desde entonces entendimos que la competitividad de Guanajuato no podía depender de una sola empresa. La clave estaba en la cadena, en la red, en la capacidad de conectar actores y multiplicar capacidades.

Recuerdo bien que en aquellos años ni siquiera éramos identificados, en muchos casos, como un destino natural para este tipo de industria. Guanajuato era visto desde fuera como un estado agrícola o de manufacturas básicas intensivas en mano de obra. Había que convencer, pero antes de convencer a otros, teníamos que tener claridad nosotros mismos. Por eso comenzamos a mapear cadenas de suministro, a identificar actores estratégicos y, sobre todo, a definir qué tipo de empresas queríamos atraer. No sólo importaba la magnitud de la inversión; importaba la filosofía corporativa. Queríamos empresas dispuestas a colaborar con nosotros, no empresas que vinieran a encerrarse. Queríamos socios que ayudaran a desarrollar a nuestra gente.

Eso implicó reconocer carencias muy concretas. No teníamos entonces instituciones suficientes que ofrecieran formación especializada para la industria automotriz. No teníamos centros de capacitación con el nivel técnico requerido. No teníamos, por ejemplo, capacidades instaladas para operar CNCs, ni una masa crítica en robótica, metrología o automatización industrial. Muchas de las decisiones más acertadas de esa etapa vinieron justamente de asumir esa realidad y actuar en consecuencia: fortalecer la capacitación, construir capacidades desde cero, acercar la educación a la industria y la industria a la educación. El establecimiento del IECA, la integración del Politécnico y del Conalep en este entorno no fueron decisiones accesorias; fueron parte central del modelo. Guanajuato Puerto Interior no debía ser solamente un complejo industrial y logístico, sino un espacio donde el talento pudiera formarse a la velocidad que exigían las nuevas cadenas productivas.

Hubo además otras definiciones que marcaron el carácter del proyecto. Siempre pensamos en una estrategia de largo plazo, no supeditada a ciclos cortos ni a visiones sexenales. Sabíamos que si queríamos atraer empresas globales necesitábamos infraestructura, continuidad y confiabilidad. También entendimos que la región tenía limitaciones, como el estrés hídrico, y por eso procuramos atraer empresas de bajo consumo de agua. Y asumimos algo más: al inicio nos iban a poner a prueba. Era natural que las primeras operaciones que trajeran fueran las más sencillas, las menos complejas, las más intensivas en mano de obra. Primero querían saber si aquí podíamos cumplir con la calidad, los tiempos, los costos y la disciplina operativa que ellos exigían. Ésa fue una prueba para todos.

A veces olvido que hubo un tiempo en el que, desde la carretera, lo único que se veía eran grandes superficies vacías. Recuerdo incluso aquel encabezado de prensa que llamó a este proyecto “Muerto Interior”. También recuerdo imágenes mucho más significativas para mí: fotografías de las primeras piedras donde detrás no había nada, ni vialidades, ni servicios, ni el ecosistema que hoy damos por sentado. Ésas son las imágenes que me permiten dimensionar lo recorrido. Porque hoy vemos un Puerto Interior consolidado al 95%, con empresas de 18 países, con infraestructura logística, educativa, de servicios y de salud, y con una comunidad industrial que ha demostrado que la continuidad sí da resultados.

Sin embargo, aun viendo todo eso, sigo pensando que lo más importante no está en la superficie física ni en los indicadores tradicionales. Lo que más valoro es haber visto cómo las empresas han escalado junto con nuestra gente. Al principio llegaron procesos más sencillos; hoy encontramos operaciones altamente automatizadas, con principios de industria 4.0 plenamente incorporados, con robots, con sistemas avanzados y con una complejidad operativa impensable hace dos décadas. Pero lo verdaderamente relevante es que esa evolución no ha significado desplazar personas, sino hacerlas más productivas, llevarlas a tareas de mayor valor y demostrar que el talento guanajuatense puede crecer al mismo ritmo que crecen las exigencias del mundo.

Hay señales muy concretas de ello. Empresas que comenzaron confiando de manera gradual en este entorno hoy ubican a sus plantas en Puerto Interior entre las de mejor desempeño dentro de sus corporativos globales. Hemos visto casos donde la automatización convive con bajas tasas de rotación, con mayor especialización, con participación creciente de mujeres en planta y en puestos directivos, y con trayectorias laborales que hace años parecían improbables. También hemos visto cómo, de haber sido importadores de talento especializado, hoy somos exportadores de talento. Desde Guanajuato, personas formadas aquí han ido a Japón, a Italia, a Alemania, a Estados Unidos y a otros destinos, y han demostrado que pueden operar de tú a tú en cualquier entorno industrial del mundo. Ése, para mí, es uno de los mayores logros de estos 20 años.

Otra señal importante es la confianza. En un entorno internacional cambiante, complejo e incierto, las empresas que apostaron por este proyecto han permanecido. No hemos construido solamente naves e infraestructura; hemos construido una relación de confianza entre empresas, instituciones y comunidad. Esa confianza ha sido posible porque el modelo ha procurado acompañamiento, conservación, mantenimiento, articulación de servicios y un sentido de comunidad industrial que no siempre se encuentra en otros complejos. Ése es uno de los rasgos que ha vuelto atípico a Guanajuato Puerto Interior. No hablo sólo de tamaño. Hablo de una forma de operar, de sostener una visión compartida.

Ahora bien, cumplir 20 años no significa mirar únicamente hacia atrás. Al contrario: si algo ha caracterizado a Guanajuato Puerto Interior es que nunca se ha pensado desde una lógica retrospectiva. Siempre se ha planteado con visión prospectiva. Ésa ha sido una de sus mayores fortalezas. Y justamente por eso creo que el siguiente gran cambio ya está frente a nosotros. El modelo de Guanajuato Puerto Interior seguirá evolucionando: pasará de depender principalmente de sus características territoriales y de su infraestructura física a basarse cada vez más en servicios, conocimiento, conectividad, inteligencia artificial, digitalización y capacidades tecnológicas avanzadas. El futuro de la competitividad ya no se medirá sólo en metros cuadrados, sino en calidad de la conectividad, uso de datos en tiempo real, digitalización de procesos, seguridad industrial de grado crítico y capacidad para conectar talento con operaciones globales.

Eso abrirá una nueva etapa. Una etapa en la que el aprendizaje acumulado en Guanajuato Puerto Interior permitirá detonar nuevos nodos de desarrollo en otras regiones del estado, adaptados a su vocación, a su grado de preparación y a su potencial. Si en los primeros 20 años el reto fue construir una plataforma física y humana capaz de competir, en los siguientes 20 años el desafío será convertir esa experiencia en una red de colaboración más amplia, más inteligente y más distribuida. Ya no dependeremos únicamente de lo tangible. Dependeremos cada vez más del conocimiento, de la creatividad, de las habilidades y de la visión.

Por eso, si tuviera que resumir qué representan estos 20 años, diría que Guanajuato Puerto Interior ha sido una escuela de transformación. Nos enseñó que el estado podía aspirar a más sin renunciar a su origen. Nos mostró que el desarrollo económico solo vale la pena cuando desarrolla personas. Nos confirmó que la competitividad verdadera no nace del aislamiento, sino de la colaboración. Y nos dejó una convicción que hoy me parece más vigente que nunca: el futuro no se espera, se prepara.

Pienso mucho en los jóvenes cuando hablo de esto. A ellos les tocará un mundo todavía más global, más digital y más exigente. Mi deseo es que se formen para competir en cualquier parte, pero sin perder su identidad. Que puedan ser ciudadanos globales sin convertirse en malas copias de otras culturas. Que conozcan su tierra, su historia y sus raíces, no por nostalgia, sino porque quien entiende de dónde viene tiene más claridad para decidir hacia dónde va. Hoy ya no hace falta salir del país para asomarse al mundo: en lugares como Guanajuato Puerto Interior existe una ventana real hacia la forma en que operan empresas de Alemania, Italia, Japón o Estados Unidos. Lo importante es que esa ventana se convierta en plataforma, en aprendizaje y en libertad.

Si algo me dejan estos 20 años es precisamente esa esperanza: la de seguir formando ciudadanos más libres, más capaces y más corresponsables; personas orgullosas de su apellido, de su historia y de su país, pero listas para desenvolverse con plena confianza en cualquier parte del mundo. Ésa, al final, ha sido siempre la apuesta más profunda de Guanajuato Puerto Interior.


Héctor López Santillana es Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad La Salle y cuenta con una Maestría en Dirección de Proyectos por la Universidad Virtual del Estado de Guanajuato. Es un líder estratégico con una sólida trayectoria en el impulso al desarrollo económico, industrial y logístico de Guanajuato, tanto desde el sector público como desde la iniciativa privada.

A lo largo de su carrera, se ha distinguido por su visión para promover la competitividad, atraer inversiones y consolidar proyectos de alto impacto para el estado. Durante su gestión como Secretario de Desarrollo Económico en tres administraciones estatales, contribuyó a la atracción de inversiones extranjeras por más de 12 mil millones de dólares y a la generación de más de 110 mil empleos, además de impulsar la consolidación de Guanajuato Puerto Interior como el hub logístico-industrial más importante de México, donde hoy operan más de 140 empresas internacionales.

Su experiencia en el servicio público incluye también responsabilidades de alta relevancia, como Gobernador sustituto, Secretario de Gobierno y Presidente Municipal de León, siendo además el primer alcalde reelecto en la historia de la ciudad.

Actualmente, se desempeña como Director General de Guanajuato Puerto Interior, desde donde encabeza el fortalecimiento de esta plataforma logística e industrial, referente en América Latina, promoviendo la competitividad, la innovación y la sostenibilidad como ejes del desarrollo regional. Bajo su liderazgo, Guanajuato Puerto Interior continúa consolidándose como motor estratégico de crecimiento y generación de empleo, con más de 30 mil empleos directos.

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