Ontario, Canadá, 16 de enero de 2025.- Canadá y China dieron un giro relevante en su relación comercial al alcanzar un acuerdo inicial que reduce de forma significativa los aranceles a los vehículos eléctricos chinos que ingresen al mercado canadiense. El entendimiento, anunciado por el primer ministro Mark Carney tras reuniones con autoridades chinas en Pekín, marca el primer acuerdo comercial de Canadá desde que asumió el cargo y supone un cambio sustancial frente a la política aplicada apenas un año antes.
El pacto establece que Canadá permitirá la importación anual de hasta 49,000 vehículos eléctricos provenientes de China con un arancel del 6.1% bajo el esquema de nación más favorecida. Esta cifra contrasta de manera directa con el arancel del 100% impuesto en 2024 por el gobierno del exprimer ministro Justin Trudeau, medida que había sido adoptada en línea con sanciones similares de Estados Unidos. En 2023, China exportó 41,678 vehículos eléctricos a Canadá, un volumen cercano al nuevo cupo autorizado.
Carney describió el acuerdo como un retorno a niveles previos a las fricciones comerciales recientes, pero enmarcado en un entendimiento más amplio que busca reducir barreras y normalizar el intercambio. Desde la perspectiva del gobierno canadiense, la medida permitiría ampliar la oferta de vehículos eléctricos más accesibles para los consumidores y, al mismo tiempo, abrir espacios de cooperación industrial con China en áreas clave de la electromovilidad.

Los vehículos eléctricos chinos destacan por su menor precio frente a los fabricados en América del Norte. De acuerdo con la información compartida, algunos modelos producidos en China tienen precios iniciales de entre 18,000 y 23,000 dólares, mientras que los vehículos eléctricos ensamblados en la región superan, en promedio, los 53,000 dólares. Carney señaló que el cupo autorizado representaría alrededor del tres por ciento del mercado interno canadiense, por lo que su impacto estaría acotado en términos de volumen, aunque relevante en términos de competencia y precios.
El primer ministro también vinculó el acuerdo con una estrategia más amplia para desarrollar el sector de vehículos eléctricos en Canadá. Afirmó que, para construir una industria competitiva, el país necesita aprender de socios innovadores, integrarse a cadenas de suministro globales y estimular la demanda local. En ese contexto, anticipó una cooperación más estrecha con China en almacenamiento de energía y producción de energía limpia, con el potencial de detonar inversiones en el sector automotriz canadiense y acelerar la transición hacia emisiones netas cero.
No obstante, el acuerdo ha generado reacciones encontradas dentro de Canadá. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, criticó la apertura al considerar que otorga a China una ventaja en el mercado canadiense sin garantías claras de inversiones equivalentes en la industria local. Desde su perspectiva, la llegada de vehículos eléctricos chinos podría afectar a los trabajadores del sector automotriz y complicar la relación comercial con Estados Unidos, principal socio del país.

El contexto interno también ha cambiado. Tras la llegada de Carney al gobierno, Canadá puso en pausa el mandato que obligaba a que el 20% de los nuevos vehículos vendidos en 2026 fueran de cero emisiones, una política heredada de la administración anterior. La suspensión del objetivo coincide con la redefinición de la estrategia canadiense en torno a la electrificación del transporte y su inserción en el mercado global.
En conjunto, el acuerdo con China redefine el posicionamiento de Canadá frente a los vehículos eléctricos chinos, al pasar de una política de protección arancelaria estricta a un esquema de apertura controlada, con implicaciones directas para el mercado, la industria automotriz y la transición energética del país.
Con información de Reuters y La actualidad canadiense en 7 lenguas

