La audaz maniobra de Estados Unidos para expulsar al presidente Maduro de Venezuela y enfrentar cargos en ese país conmocionó al mundo, pero no es la primera vez que Estados Unidos interviene en otros países y es poco probable que sea la última. Si bien el hecho tiene un peso simbólico, su impacto inmediato en los mercados globales probablemente sea modesto. La clave podría residir en su significado a largo plazo, como parte de un motor macroeconómico más amplio de realineamiento geopolítico.
Ondas de corto plazo en los mercados
El impacto negativo de las dificultades económicas y políticas que Venezuela ha atravesado durante las últimas dos décadas, sumado al efecto de las sanciones, ha llevado a que muchas empresas de mercados desarrollados abandonen por completo el país. Para las pocas compañías que aún mantienen exposición residual en Venezuela, como Chevron, Repsol o Telefónica, un entorno de políticas más estable podría traducirse en un alivio gradual.
En el corto plazo, los bonos venezolanos podrían encontrar cierto respaldo inicial a medida que los mercados comiencen a descontar la posibilidad de una normalización de las políticas, siempre y cuando el país logre evitar escenarios de inestabilidad. Las primeras señales sugieren que Estados Unidos podría estar dispuesto a adoptar un enfoque pragmático y trabajar con las autoridades venezolanas actuales, especialmente a la luz de los desafíos enfrentados en Irak y Afganistán. Los mercados petroleros también podrían reaccionar, aunque no necesariamente en la dirección esperada. Si bien la incertidumbre geopolítica suele impulsar los precios al alza, un eventual aumento de la oferta venezolana ejercería presión a la baja sobre el precio del crudo, una vez que se estabilicen las rutas de envío y se clarifiquen los mecanismos vinculados a las sanciones.
Reimpulsar la oferta global: por qué Venezuela es relevante
A pesar de contar con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, la producción venezolana se ha desplomado desde cerca de tres millones de barriles diarios a comienzos de la década del 2000 a menos de un tercio de ese nivel en los últimos años. Las sanciones, la falta crónica de inversión y el deterioro de la infraestructura han limitado de manera significativa la capacidad productiva del país.
Una transición hacia un gobierno alineado con Occidente podría aliviar las sanciones, facilitar la llegada de inversión extranjera (aunque esto podría requerir un cambio de actitud del actual régimen venezolano o incluso un cambio de régimen en su totalidad) e impulsar la producción. Con apoyo externo y un contexto político favorable, es posible que Venezuela logre duplicar su producción hasta alcanzar los dos millones de barriles diarios en un plazo de dos años y aumentarla de manera significativa en el largo plazo. Una expansión de esta magnitud modificaría el equilibrio global del mercado petrolero. No resulta difícil entender por qué una inserción de Venezuela bajo la órbita de Estados Unidos podría fortalecer la seguridad energética de ese país y, por extensión, la de Occidente.
Repercusiones políticas de largo plazo y un renovado foco en las esferas de influencia
Más allá de las consideraciones inmediatas del mercado, el giro político en Venezuela podría tener consecuencias geopolíticas de largo alcance. Si Estados Unidos se afirma de manera unilateral para avanzar en objetivos económicos o políticos, podría sentar precedentes con efectos que se extiendan a otras regiones. Al mismo tiempo, esto dificultaría que Washington condene en el futuro acciones similares llevadas adelante por otros actores.
El regreso a un mundo definido por esferas de influencia claramente delimitadas aparece como un escenario plausible, con China ejerciendo su predominio en Asia, Estados Unidos reforzando su posición en el continente americano y Europa continuando su compleja relación con Rusia. En este contexto, la transición venezolana podría interpretarse como un microcosmos de una reconfiguración global más amplia, a la cual los inversores podrían verse obligados a adaptarse de manera activa.
Perspectivas hacia adelante
Es poco probable que el cambio político en Venezuela genere, en el muy corto plazo, una repricing generalizada de los mercados. Sin embargo, sus implicancias para la oferta energética, los bonos soberanos de mercados emergentes, las tensiones geopolíticas y la diversificación de las cadenas de suministro justifican un seguimiento constante.
Con información de Janus Henderson Investors