Columna exclusiva por: Etzail Vega, Americas Operations Director – Automotive Electronics, FORVIA.
Durante años, México ha sido uno de los pilares de la industria automotriz global, destacando por su fortaleza manufacturera, escala productiva e integración a las cadenas de suministro de Norteamérica. Sin embargo, el contexto actual obliga a replantear la conversación: hoy la competitividad del sector no se mide solo en volumen de producción, sino en capacidad tecnológica, digitalización e innovación.
La industria automotriz atraviesa una transformación estructural. Electrificación, conectividad, automatización, software, inteligencia artificial y experiencia del usuario están redefiniendo el valor del vehículo y, con ello, el rol de los países que participan en su desarrollo. En este escenario, México enfrenta una doble oportunidad: consolidar su liderazgo industrial y posicionarse como un hub estratégico de tecnología automotriz.
Las cifras dimensionan el peso del sector. De acuerdo con la Industria Nacional de Autopartes (INA)1, entre enero y mayo de 2025 las exportaciones de autopartes superaron los 42 mil millones de dólares, con una balanza comercial positiva. Para el cierre de 2025, la producción total podría rondar los 127 mil millones de dólares, confirmando a México como uno de los principales proveedores a nivel mundial.
No obstante, el entorno es cada vez más exigente. La producción y exportación de vehículos se mantienen en niveles sólidos, pero con presiones derivadas de ajustes en la demanda global y una competencia internacional más intensa. Esta realidad confirma que el modelo basado únicamente en eficiencia productiva ya no es suficiente para garantizar liderazgo a largo plazo.
Hoy, la digitalización dejó de ser un diferenciador para convertirse en una condición básica de competitividad. El vehículo se concibe cada vez más como una plataforma tecnológica que integra software, datos, conectividad y servicios digitales a lo largo de su ciclo de vida. Esto impacta tanto en la manufactura, con procesos más automatizados y conectados, como en el producto final: sistemas de asistencia, infoentretenimiento, actualizaciones remotas, ciberseguridad y experiencias personalizadas.
No es casualidad que este cambio de paradigma tenga como escaparate a CES en Las Vegas, un evento que se ha consolidado como un foro clave para discutir el futuro de la movilidad. La tecnología ya no se desarrolla de forma aislada: requiere colaboración entre fabricantes, proveedores, desarrolladores de software y socios tecnológicos. Desde la perspectiva de empresas globales del sector como FORVIA, la presencia en este tipo de foros refleja precisamente la necesidad de impulsar ecosistemas abiertos de innovación, así como el desarrollo de soluciones avanzadas en software, conectividad y sistemas de asistencia que están marcando la evolución del vehículo.
El segundo gran eje es la competencia global. México compite con regiones que avanzan rápidamente en electrificación, software y automatización, muchas respaldadas por políticas industriales e incentivos gubernamentales. En este contexto, la ventaja del país no puede basarse solo en costos o proximidad geográfica, sino en una propuesta de valor más robusta: manufactura avanzada, talento especializado, estabilidad operativa y capacidad de innovación.
La INA prevé que la inversión extranjera directa en autopartes podría recuperarse hacia 20262, impulsada por la confianza en la capacidad de México para evolucionar hacia procesos y productos de mayor valor tecnológico. Para lograrlo, el reto es claro: fortalecer la formación de talento en software automotriz, análisis de datos, inteligencia artificial y ciberseguridad; impulsar la sofisticación tecnológica de proveedores; garantizar certidumbre regulatoria e infraestructura, y alinear la visión industrial con una narrativa país que reconozca a la automoción como una industria profundamente tecnológica.
La discusión ya no es si México seguirá siendo relevante en la industria automotriz global, sino en qué rol. ¿Será únicamente un centro de producción o logrará posicionarse como un actor clave en el desarrollo de las tecnologías que definirán la movilidad del futuro?
En un mundo donde el valor del vehículo se concentra cada vez más en el software y la integración digital, el país que logre articular manufactura, talento e innovación marcará el ritmo del sector. México tiene los cimientos para lograrlo; el siguiente paso es convertir su fortaleza industrial en liderazgo tecnológico.
Acerca de FORVIA:
Misión: “Somos pioneros en tecnología para experiencias de movilidad que importan a las personas”.
FORVIA, proveedor global de tecnología automotriz, reúne las fortalezas tecnológicas e industriales complementarias de Faurecia y HELLA. Con alrededor de 250 sitios industriales y 78 centros de I+D, más de 150,000 personas, incluidos más de 15,000 ingenieros de I+D en más de 40 países, FORVIA ofrece un enfoque único e integral para los desafíos automotrices de hoy y del futuro. Compuesto por 6 grupos de negocio y con un sólido portafolio de propiedad intelectual que incluye más de 13,000 patentes, FORVIA se enfoca en convertirse en el socio preferido de innovación e integración para los fabricantes de equipo original (OEM) en todo el mundo. En 2024, el Grupo alcanzó ingresos consolidados de 27 mil millones de euros. FORVIA SE cotiza en el mercado Euronext París bajo el código mnemónico FRVIA y forma parte del índice CAC SBT 1.5°. FORVIA aspira a ser un agente de cambio comprometido con anticipar y hacer realidad la transformación de la movilidad. www.forvia.com
Presencia en México
En el país, FORVIA cuenta con la presencia de 6 grupos de negocio: Interiores, Asientos, Clean Mobility, Electrónicos, Iluminación y Lifecycle Solutions. Están distribuidos en 23 plantas, 3 Centros de Investigación y Desarrollo, 1 aftermarket y 2 sitios de Oficinas Centrales, uno para Faurecia y otro para Hella. Además, cuenta con un centro de capacitación y desarrollo denominado FORVIA University.