En otra ocasión hemos hablado de cómo la red de acuerdos comerciales de México han sido el principal incentivo para que empresas extranjeras inviertan en México o para que empresas mexicanas se posicionen en los mercados internacionales.
La industria automotriz es el mejor ejemplo (pero no el único) para el éxito que ha tenido la estrategia de apostarle a acuerdos comerciales con los principales mercados del mundo para desarrollar la industria en México. El antecedente, sin duda, fue el modelo de la maquila, ese si basado exclusivamente en el costo de mano de obra. Pero la ventaja de poder exportar, libre de aranceles, el mismo producto a diferentes mercados es algo que ningún otro país puede ofrecer. Para el sector automotriz, se firmó un acuerdo incluso con el Mercosur, algo que ningún otro país ha logrado.
Las ventajas de los acuerdos comerciales, que las empresas podían evaluar fácilmente en términos financieros, permitieron que el gobierno mexicano no tuvo que desembolsar, como hicieron otros países, sumas millonarias para incentivar el establecimiento de las fábricas de la industria automotriz.
Después de 28 años de que entró en vigor el TLCAN, el resultado es contundente. México tiene una industria automotriz capaz de producir 5 millones de autos al año, en un país que consume poco más que un millón. Todas las marcas importantes del mundo tienen presencia con instalaciones productivas en México. El sector ocupa directamente a 1 millón de personas, el impacto indirecto hace que varios millones de mexicanos se benefician de participar en la producción de vehículos y sus partes.
Un efecto determinante para este éxito es el hecho que, para cumplir con el contenido regional que exigen los tratados, la industria ha localizado en México cada vez más la adquisición de insumos, ya sea de autopartes o material primas. Este proceso de hecho inició en 1962 con el decreto automotriz que exigía contenido local de los auto producidos en México para el mercado nacional. La transición del mercado cerrado con decreto hacia un mercado abierto regulado solo por los tratados comerciales fue natural y sumamente exitoso.
Finalmente, la fortaleza de manufactura exportadora que México ha construido, es lo que mantiene equilibrada la balanza comercial del país. Tan solo la industria automotriz aporta casi 90 mil millones de dólares de superávit comercial a México. Todos los otros sectores, incluyendo el petrolero, reportan un déficit que está compensado precisamente por el excedente que genera la industria del automóvil.
Lo acordado en el T-MEC tuvo como consecuencia para esta industria, que debe hacer un nuevo esfuerzo para incrementar aun mas el valor agregado generado en la región, obligando a inversiones adicionales y el establecimiento de nuevas empresas de autopartes. Toda la industria aceptó el reto y está en proceso de responder a los nuevos requerimientos. La necesidad de restructurar las cadenas de suministro a raíz de la pandemia y la disputa comercial entra China y los EUA afortunadamente va en el mismo sentido.
Todo esto indica que se está escribiendo una nueva página exitosa de la política de apertura comercial de México. Ello ha sostenido la confianza de las empresas en México, a pesar de otros factores que podrían impactar negativamente. Poner en riesgo este elemento fundamental, con disputas con los socios comerciales que tengan como consecuencia que se pierda la preferencia arancelaria para ciertos productos, pone en riesgo a miles de empresas, el bienestar de millones de mexicanos, y el sustento financiero del mismo estado.
Los acuerdos comerciales, motor de desarrollo
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