León, Guanajuato, 6 de agosto de 2026.– La transformación sostenible de las empresas requiere más que metas ambientales o avances tecnológicos: demanda liderazgos centrados en las personas, colaboración entre sectores, conocimiento de las comunidades y modelos capaces de generar resultados medibles y de largo plazo.
Esta fue una de las principales conclusiones del panel “Transformación, liderazgo e impacto social en una era de disrupción”, realizado durante el XII Foro Internacional de Sustentabilidad y Responsabilidad Social.
La conversación fue moderada por Nancy Lara, CEO de United Way México, y contó con la participación de Roberto Mourey, presidente y fundador del Instituto Mettaliderazgo; Barjouth Aguilar, head of Global Sustainability and Flex Foundation; Kathia Muñoz, head of PR & Communications de General Motors de México; Luis Orea Aranda, gerente senior de Sustentabilidad y Relación con Comunidades de ENGIE México, y Alicia Moreno Lara, directora de Estrategia ASG de KPMG México.
La transición energética debe responder a la realidad de México
Luis Orea Aranda señaló que la transición energética debe partir de las condiciones y necesidades particulares del país, combinando el crecimiento de las energías renovables con soluciones que permitan sustituir progresivamente fuentes más contaminantes.
Desde la perspectiva de ENGIE, explicó que el gas natural puede funcionar como combustible de transición hacia una matriz energética más limpia, siempre que los proyectos integren medidas para reducir emisiones y atender sus impactos ambientales y sociales.
Como ejemplo, presentó un proyecto de la compañía en la península de Yucatán que duplicará la capacidad de transporte de gas natural, mientras disminuye en 40% las emisiones potenciales de metano. La iniciativa incluye la reforestación de más de 500 hectáreas con 500 mil ejemplares, así como una inversión social superior a 20 millones de dólares en las comunidades. También permitirá sustituir combustibles más contaminantes y reducir hasta 90% los óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno y partículas con efectos sobre la salud, de acuerdo con lo expuesto por el directivo.
Orea Aranda sostuvo que la transición energética debe estar acompañada por el compromiso de las empresas de ejecutar sus proyectos de una mejor manera, integrando la dimensión ambiental y social desde su diseño.

Los objetivos globales necesitan ecosistemas locales
Barjouth Aguilar explicó que uno de los principales desafíos para una empresa global como Flex consiste en trasladar sus objetivos de sostenibilidad a las condiciones específicas de cada país.
La compañía tiene presencia en 30 países y alrededor de 100 plantas, por lo que su estrategia contempla metas relacionadas con emisiones, consumo de agua, residuos, derechos humanos y prácticas laborales. Sin embargo, Aguilar advirtió que los objetivos globales no pueden aplicarse de manera idéntica en mercados con infraestructuras, regulaciones y capacidades diferentes.
“Puedes decir: queremos ser cero emisiones en 2040, pero no estamos en Alemania, no estamos en Suiza; estamos en México. ¿Qué podemos hacer aquí? No lo podemos hacer solos”.
Para aterrizar estas metas, dijo, es necesario construir ecosistemas en los que colaboren clientes, empresas, organismos, instituciones, gobiernos y universidades.
“Tienes que crear los ecosistemas; si no, va a ser imposible. Es platicar con el cliente qué podemos hacer en conjunto, qué podemos hacer con organismos, instituciones, gobierno y academia”.
Aguilar agregó que esta colaboración también debe extenderse a las cadenas de suministro. Como ejemplo, compartió un programa iniciado por Flex en 2019 para capacitar a trabajadores y proveedores ubicados en Tijuana y Shenzhen, China, con el propósito de mejorar sus procesos, fortalecer competencias de liderazgo y generar oportunidades de crecimiento ante el avance tecnológico.

Educación, comunidad y medio ambiente
Kathia Muñoz presentó la estrategia de responsabilidad social de General Motors de México, estructurada alrededor de tres pilares: educación, apoyo a las comunidades y protección del medio ambiente.
En educación, la compañía concentra parte de sus esfuerzos en las disciplinas STEM para acercar a las nuevas generaciones a la tecnología, la innovación y las capacidades que demanda la industria.
En materia comunitaria, destacó el programa Brigada Cheyenne, mediante el cual la empresa utiliza las capacidades de sus vehículos para transportar ayuda a comunidades y zonas de difícil acceso. De acuerdo con Muñoz, la iniciativa acumula 15 años de operación, más de 770 mil kilómetros recorridos y apoyo para más de 800 mil personas en 350 comunidades de 15 países.
La representante de General Motors también compartió ejemplos ambientales dentro de sus operaciones. La planta de San Luis Potosí funciona sin descargas de aguas residuales, mientras que en el complejo de Toluca se reutiliza la arena empleada en el proceso de fundición para producir bloques de construcción, utilizados tanto en instalaciones de la empresa como en proyectos de vivienda social.
“Esta estrategia contempla educación, que es crear oportunidades; comunidad, que es apoyar las necesidades de las personas que están a nuestro alrededor y generar bienestar; y medio ambiente, que es cuidar nuestro futuro”.
Muñoz también destacó que la comunicación empresarial no debe limitarse a difundir las acciones de una organización, sino que debe generar confianza entre colaboradores, proveedores, clientes, socios y comunidades.
“La función de la comunicación es mucho más profunda: se trata de construir confianza. Cuando contamos la historia, pero le damos contexto y sentido, podemos construir relaciones duraderas”.

Un liderazgo más humano y consciente
Roberto Mourey sostuvo que las transformaciones organizacionales solamente pueden mantenerse cuando reconocen a las personas que existen detrás de cada puesto, función y nivel jerárquico.
“Lo que se requiere es un liderazgo más humano, un liderazgo más consciente, donde tengamos la capacidad de reconocer que detrás de un director general, de un gerente o de un chofer hay un ser humano”.
Para Mourey, las empresas deben fortalecer no solo la formación técnica, sino también la educación humana dentro de las escuelas, los hogares y los centros de trabajo. El liderazgo, explicó, debe ayudar a que cada persona desarrolle su mejor versión y contribuya a los objetivos comunes.
También llamó a superar los silos internos para que las distintas áreas de una organización trabajen como un solo equipo, en lugar de concentrarse únicamente en sus resultados particulares.
“El tamaño de una persona, de un equipo, de una organización o de una nación está limitado por el tamaño de su liderazgo. Si quieres hacer crecer a una persona o a un equipo, tienes que fortalecer su liderazgo; y el factor individual más poderoso para liderar una organización es la cultura”.
Mourey planteó que esta visión debe extenderse al país: las organizaciones, instituciones y personas pueden reconocerse como integrantes de un mismo equipo y orientar sus capacidades a ampliar las oportunidades de desarrollo.

Articular actores y movilizar capital
Alicia Moreno Lara explicó que la construcción de ecosistemas sostenibles requiere pasar del reconocimiento de los actores a mecanismos concretos para articularlos.
Entre esos participantes se encuentran los gobiernos que definen políticas públicas y prioridades nacionales; organismos multilaterales y proveedores de capital; empresas que desarrollan proyectos; especialistas técnicos; instituciones financieras y organizaciones encargadas de asegurar que las iniciativas sean viables y no excluyan objetivos sociales o ambientales.
Moreno Lara describió un proyecto en el que se analizan las condiciones económicas, financieras, políticas, regulatorias y ambientales para movilizar capital hacia las metas climáticas de México. La intención es vincular instrumentos de asistencia técnica, garantías, mitigación de riesgos e inversión para construir rutas capaces de atraer recursos.
“Es muy fácil decir que se necesita reunir al gobierno, a los proveedores de capital y a las empresas. El reto es cómo lo hacemos”.
La especialista agregó que el mismo modelo de articulación puede aplicarse a derechos humanos, economía circular, fortalecimiento de capacidades y atención de la escasez hídrica.
“Todo tiene que estar alineado. Cuando vas hacia una meta, tienes que asegurarte de que no estás dañando a otros actores y que, al contrario, los estás involucrando para que cada uno haga su parte”.

Transformaciones construidas con las personas
El panel concluyó que la sostenibilidad empresarial debe entenderse como un proceso sistémico en el que las metas ambientales, el liderazgo, la cultura, la inversión, la comunicación y el impacto comunitario se refuerzan entre sí.
Las experiencias presentadas mostraron que las empresas pueden generar beneficios más amplios cuando parten de sus capacidades productivas, incorporan a sus cadenas de valor, escuchan a las comunidades y colaboran con gobiernos, instituciones financieras, academia y organizaciones sociales.
En una era marcada por la disrupción tecnológica, ambiental y económica, la transformación sostenible dependerá no solamente de la velocidad con la que las compañías adopten nuevas soluciones, sino de su capacidad para generar confianza, fortalecer a sus equipos y construir proyectos con valor compartido.