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La revisión del T-MEC definirá el rumbo de la industria automotriz de Norteamérica

La revisión del T-MEC en 2026 genera cautela en la industria automotriz mexicana. Reglas de origen, capítulo laboral y presiones arancelarias de Estados Unidos influyen en decisiones productivas, inversión y competitividad regional.

Ciudad de México, 31 de diciembre de 2025.- La industria automotriz de México se aproxima a 2026 bajo un entorno de mayor incertidumbre. Tras un periodo marcado por anuncios de inversión y expectativas asociadas al nearshoring, el foco se ha desplazado hacia la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un proceso que comenzará formalmente el 1 de julio de 2026 y que ya condiciona decisiones estratégicas de empresas, gobiernos y organismos industriales en la región.

La presidenta Claudia Sheinbaum descartó que el acuerdo vaya a darse por terminado, pese a las declaraciones recientes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Desde su perspectiva, el escenario más probable es una revisión del tratado vigente y no la negociación de un nuevo instrumento comercial.

“Un nuevo tratado tendría que pasar por los congresos, desde mi perspectiva es difícil que esto vaya a ser así, nosotros creemos que va a ser una revisión, puede ser compleja en algunos temas, pero va a ser una revisión, y ahí, pues, es el equipo que tenemos en el gobierno, y si necesitamos algún otro apoyo, pues se buscarán apoyos, normalmente empresarios, empresarias, también participan en estas revisiones y también los convocaremos”, señaló.

La complejidad política y legislativa que implicaría un nuevo acuerdo refuerza la idea de que el debate se concentrará en ajustes específicos al T-MEC, particularmente en sectores estratégicos como el automotriz, donde confluyen intereses industriales, laborales y geopolíticos.

Producción, exportaciones y señales de desaceleración

La revisión del tratado llega en un momento de resultados contrastantes para el sector automotriz. De acuerdo con cifras del INEGI correspondientes a noviembre de 2025, el mercado interno registró la venta de 148 mil 361 vehículos ligeros. Sin embargo, la producción mostró una contracción de 8.4% interanual, al ubicarse en 322 mil 205 unidades, mientras que las exportaciones descendieron a 279 mil 342 vehículos.

Este desempeño refleja un entorno menos dinámico para la manufactura automotriz, justo cuando se avecina una discusión que podría modificar las condiciones de acceso preferencial al mercado de Norteamérica. La revisión del T-MEC contempla, entre otros puntos, posibles cambios en las reglas de origen, un tema central para la competitividad de las armadoras instaladas en México.

Actualmente, el acuerdo establece que los vehículos ligeros deben cumplir con un Valor de Contenido Regional (VCR) de 75%, mientras que los camiones pesados requieren 65%. Francisco González, presidente ejecutivo de la Industria Nacional de Autopartes (INA), ha señalado que una de las hipótesis más comentadas es que Estados Unidos impulse un aumento en ese porcentaje, lo que implicaría mayores exigencias para la integración regional.

El riesgo, de acuerdo con representantes de la industria, es que un endurecimiento de las reglas sin una oferta suficiente de componentes en Norteamérica obligue a los fabricantes a prescindir de ciertas piezas o a utilizar tecnologías anteriores, con un impacto directo en la calidad de los vehículos. La presión para reducir la dependencia de autopartes provenientes de Asia, particularmente de China, se perfila como uno de los ejes implícitos de la postura estadounidense.

La dimensión laboral del T-MEC

Más allá del contenido regional, el capítulo laboral se perfila como uno de los puntos más delicados para México en la próxima revisión. Especialistas advierten que Estados Unidos buscará una mayor participación y supervisión, lo que podría obligar al país a replantear aspectos de su reforma al Poder Judicial y la política de incrementos salariales en sectores estratégicos.

La industria automotriz es un ejemplo recurrente en este debate. En México, los salarios en el sector se ubican en torno a los cinco dólares por hora, mientras que en Estados Unidos alcanzan los 30 dólares, una brecha de seis a uno. Este diferencial ha sido históricamente uno de los factores de competitividad para México, pero también una fuente constante de presión en las negociaciones comerciales.

El peso económico del sector refuerza la relevancia de esta discusión. Según datos federales, la industria automotriz aporta cerca del 4% del Producto Interno Bruto nacional y más del 20% del PIB manufacturero, además de generar más de 900 mil empleos directos y millones de indirectos. En este contexto, especialistas subrayan que, antes de la negociación, México deberá mostrar capacidad institucional y voluntad política para implementar de forma efectiva las reformas ya comprometidas en el marco del tratado.

Las declaraciones desde Washington han elevado el nivel de incertidumbre. El 3 de diciembre de 225, Donald Trump afirmó:

“Vence en aproximadamente un año, y lo dejaremos vencer o tal vez lleguemos a otro acuerdo con México y Canadá”.

La frase refuerza la percepción de que la política arancelaria seguirá siendo utilizada como herramienta de presión durante el proceso de revisión.

Calendario político y decisiones empresariales

En diciembre del presente año, los gobiernos de México y Canadá anunciaron el inicio formal del proceso de revisión del T-MEC, con una fecha límite para concluirlo el 1 de julio de 2026.

“El año que entra lo que vamos a tener, a partir del inicio de enero, es el proceso de revisión del Tratado”, afirmó Marcelo Ebrard, secretario de Economía.

Desde Ottawa, el primer ministro Mark Carney confirmó que Canadá y Estados Unidos iniciarán conversaciones a mediados de enero, con Dominic LeBlanc y Jamieson Greer como responsables de encabezar las negociaciones comerciales.

Carney también reiteró que el objetivo de su gobierno es alcanzar “el mejor acuerdo posible para Canadá: uno que brinde certeza y estabilidad a los trabajadores, empresas e inversionistas canadienses, a la vez que proteja nuestra singular ventaja canadiense”.

Para los analistas económicos, el contexto no es menor. José Ignacio Martínez, coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (Lacen), advirtió que México llega a 2026 con señales de debilidad en inversión y producción industrial, así como con cautela en empresas y consumidores. A su juicio, el primer semestre estará marcado por la expectativa en torno a la revisión del T-MEC, con el riesgo de que Estados Unidos utilice presiones arancelarias vinculadas a temas migratorios, combate al fentanilo y contención de China.

El equipo de Análisis Económico de Banorte coincidió en que el entorno externo será retador y que la política arancelaria puede persistir como instrumento de negociación, aunque la integración comercial con Estados Unidos sigue siendo un diferenciador para México. En este escenario, la industria automotriz optará por la prudencia.

José Rogelio Garza Garza, presidente de la AMIA, ha señalado que durante el primer semestre de 2026 las armadoras serán cautelosas para mover o sumar nuevos modelos, con tres objetivos claros: eliminar los aranceles de la sección 232, mantener el libre acceso al mercado norteamericano y preservar la competitividad regional.

De cara a la revisión del T-MEC, la industria automotriz enfrenta el reto de transitar 2026 con una estrategia de contención y preparación. En el corto plazo, las armadoras y proveedores deberán reforzar la planeación de cadenas de suministro, evaluar escenarios regulatorios y profundizar el diálogo con autoridades y contrapartes regionales para anticipar cambios en reglas de origen, laborales y arancelarias.

En donde, más que acelerar decisiones de inversión o relocalización, el sector parece encaminado a privilegiar la estabilidad operativa, la defensa del libre acceso al mercado norteamericano y la preservación de la competitividad regional, a la espera de mayor certidumbre sobre el alcance final de la revisión del tratado.

Con información de El Economista, Milenio, Heraldo, El Universal

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