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Honda cancela EV en EE.UU. y replantea su estrategia ante menor demanda y presión financiera

Honda canceló tres modelos eléctricos previstos para Norteamérica ante la menor demanda de EV y presiones financieras. La firma registrará pérdidas y reorientará su estrategia hacia híbridos, ajuste de costos y mercados clave para recuperar competitividad.

La japonesa Honda ajustó de forma significativa su estrategia de electrificación al anunciar la cancelación del desarrollo y lanzamiento comercial de tres vehículos eléctricos (EV) previstos para Norteamérica, en una decisión que refleja sus prioridades operativas.

Los modelos afectados son el Honda 0 SUV, el Honda 0 Sedán y el Acura RSX, que formaban parte de la denominada Serie 0, una nueva generación de eléctricos desarrollados sobre una plataforma exclusiva. Estos vehículos, concebidos bajo la filosofía “Delgado, Liviano e Inteligente”, incorporaban avances en aerodinámica, reducción de peso y un nuevo sistema operativo —ASIMO OS— orientado a servicios conectados y asistencia avanzada al conductor. Su producción estaba programada para iniciar hacia finales de 2026 en la planta de Ohio, la cual ya había comenzado su reconversión para manufactura de eléctricos.

La cancelación responde, principalmente, a una desaceleración en la demanda de vehículos eléctricos, particularmente en Estados Unidos, donde el crecimiento del segmento ha quedado por debajo de las expectativas de la industria. Bajo este contexto, Honda concluyó que avanzar con la producción y comercialización de estos modelos podría traducirse en pérdidas mayores en el largo plazo.

El impacto financiero es inmediato. La compañía prevé registrar pérdidas por la amortización de activos vinculados a estos proyectos, en un rango de entre 2,100 y 3,600 millones de dólares durante el ejercicio fiscal que concluye en marzo de 2026. Además, proyecta pérdidas totales cercanas a los 15,700 millones de dólares, lo que implicaría resultados negativos por primera vez en casi siete décadas, obligando a revisar sus previsiones financieras.

Más allá de los EV, la rentabilidad del negocio automotriz de Honda se ha visto presionada por diversos factores estructurales. Entre ellos, destacan los cambios en políticas arancelarias en Norteamérica, que han afectado el desempeño de modelos a gasolina e híbridos, así como una pérdida de competitividad en mercados asiáticos, atribuida a una reasignación de recursos hacia el desarrollo eléctrico. A esto se suma la creciente presión de fabricantes chinos y cambios en las preferencias del consumidor, frente a los cuales la firma reconoce no haber reaccionado con la suficiente rapidez.

En respuesta, Honda ha delineado una estrategia de ajuste que prioriza la rentabilidad y la flexibilidad. En el corto plazo, la compañía reforzará su portafolio de vehículos híbridos, especialmente en Estados Unidos, donde la desaceleración de los EV abre una ventana para tecnologías intermedias. Paralelamente, buscará expandir su presencia en India y recuperar competitividad en Asia mediante el desarrollo de híbridos de nueva generación.

Asimismo, la automotriz implementará ajustes en su estructura de costos fijos para alinearla con la escala actual del negocio. No obstante, la electrificación no queda descartada: Honda continuará invirtiendo en tecnologías eléctricas, aunque con un enfoque más gradual y condicionado a la evolución del mercado.

Este giro estratégico mantiene vigente el objetivo de neutralidad de carbono para 2050, pero introduce una recalibración en los tiempos y en la asignación de capital. Mientras tanto, la compañía confía en sostener valor para sus accionistas apoyándose en sus negocios de motocicletas, servicios financieros y en una oferta renovada de vehículos híbridos, en un entorno donde la transición energética avanza, pero a un ritmo menos acelerado del previsto.

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