Ciudad de México a 26 de octubre de 2026. – La actividad productiva nacional muestra señales consistentes de aceleración durante la segunda mitad del año, sustentada principalmente en el vigor del consumo interno, la tracción del sector terciario y el repunte del comercio al por mayor, de acuerdo con el más reciente análisis económico, CIAL Insights, de CIAL Dun & Bradstreet, compañía líder en análisis avanzado de datos.
Este desempeño ha permitido revisar al alza las proyecciones de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para el cierre del año, superando los pronósticos iniciales del consenso del mercado. No obstante, este dinamismo interno convive con un entorno exterior complejo, caracterizado por el encarecimiento de los precios internacionales de la energía, la resistencia a la baja en la inflación de servicios y una marcada depreciación cambiaria frente a las decisiones de política monetaria en Estados Unidos.
El pulso de la economía en el corto plazo refleja este cambio de ritmo. De acuerdo con el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE), la actividad productiva repuntó un 3.5% anual en agosto, alcanzando su tasa de expansión más alta desde septiembre de 2023. Con este resultado, el avance acumulado durante los primeros ocho meses del año se situó en 1.7% anual, impulsando las estimaciones de los especialistas para el PIB de 2026 hacia un 1.9%, cifra que rebasa el 1.4% estimado por los analistas del mercado en encuestas privadas.
Asimismo, al interior del indicador, el sector terciario se consolidó como el principal soporte al crecer 2.2% anual en el periodo enero–agosto, apuntalado de manera destacada por el comercio al mayoreo, que se expandió un 8.1% y reafirmó su posición como el segundo componente con mayor peso económico después de las manufacturas, en contraste con los avances más moderados del sector primario (1.0%) e industrial (0.8%).
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), a través del Indicador Oportuno de la Actividad Económica, el organismo estima un avance del 3.7% anual para septiembre, lo que configuraría su desempeño mensual más sólido en doce meses. Al integrar estas estimaciones con los datos observados de julio (3.3%) y agosto (3.2%), la economía mexicana habría completado el tercer trimestre con un crecimiento de 3.4% anual. Este fortalecimiento no sólo sustenta la revisión al alza para el cierre de 2026, sino que también anticipa una aceleración hacia 2027 con una tasa proyectada de 2.4%, significativamente por encima del 1.8% anticipado por el mercado.
El sector comercial ha desempeñado un papel central en la conformación de este ciclo positivo. Las ventas al mayoreo crecieron un 6.3% anual en agosto, acumulando un repunte de 7.1% en lo que va del año y dejando atrás dos años consecutivos de contracciones, favorecidas en gran medida por la reactivación del comercio exterior y números positivos en cinco de sus siete segmentos clave. Por su parte, las ventas minoristas aumentaron 3.3% anual en agosto y promedian un 2.8% en el acumulado de ocho meses, con avances generalizados en ocho de sus nueve ramas que perfilan una expansión en torno al 2.7% para el cierre del ejercicio. En sintonía con esta reactivación, los ingresos del sector de servicios privados no financieros anotaron un incremento de 1.0% real en agosto, cortando una racha de números negativos.
Sin embargo, pese a la solidez en el consumo y la distribución comercial; la inflación general se ubicó en 3.62% anual durante la primera quincena de octubre, hilando incrementos consecutivos y alcanzando su registro más elevado desde mayo. Aunque el índice se mantiene dentro del rango objetivo del Banco de México (3.0% +/- un punto porcentual), la inflación subyacente se colocó en 3.78% anual, condicionada por la rigidez del rubro de servicios, el cual se situó en 4.26% anual y sumó 117 meses consecutivos por arriba del 4.00%.
Asimismo, la persistencia en los costos de los servicios, asociada a la solidez salarial y la demanda interna, junto con un componente no subyacente en ascenso (3.08%), perfila que los precios cerrarán el año cerca de un 3.8% anual, manteniendo un entorno restrictivo donde se prevé que la tasa de referencia monetaria cierre en 6.50%.
Estas fricciones locales se ven intensificadas por presiones de origen externo, particularmente en el sector energético global. Los precios internacionales del crudo han retomado una trayectoria alcista, llevando al barril de referencia West Texas Intermediate (WTI) a cotizar en 103.3 dólares, cerca de sus techos alcanzados a inicios de año a causa de las tensiones con Oriente Medio. Al promediar sobre los 95 dólares en octubre, el energético apunta a un incremento anual cercano al 60%, lo que reaviva presiones inflacionarias a escala internacional e incide directamente en Estados Unidos, donde se prevé un repunte de los precios por encima del 3.7% anual registrado en septiembre.
Dicho panorama reduce los márgenes de flexibilidad de la Reserva Federal (FED), que tras haber incrementado su tasa a 4.00% en septiembre, evalúa la necesidad de aplicar un nuevo endurecimiento monetario hacia diciembre si los costos energéticos no ceden.
En el terreno cambiario, la divisa mexicana sufrió una depreciación de 10.62% entre el mínimo de 16.87 pesos por dólar registrado el 4 de septiembre y las 18.67 unidades al 23 de octubre, colocándose entre las monedas emergentes con mayores pérdidas en el periodo, aunque analistas privados proyectan que el tipo de cambio convergerá hacia las 18.20 unidades al cierre de año.
En contraste con la volatilidad de la moneda, los mercados accionarios han mostrado resiliencia operativa: la Bolsa Mexicana de Valores avanzó 1.38% semanal para ubicarse en los 69,880 puntos, acumulando una ganancia de 8.72% en el último mes, en tanto que en Wall Street el índice Dow Jones cerró en 52,515 enteros con avances moderados, mientras los rendimientos de los Bonos del Tesoro a 10 años descendieron por debajo del 5.00%.
En conclusión, el conjunto de indicadores evidencia que la economía mexicana experimentará una aceleración moderada hacia el cierre de 2026, con un crecimiento del PIB estimado en 1.9% y una proyección de 2.4% para 2027 impulsada por el gasto público y el soporte ininterrumpido del mercado interno. No obstante, las predicciones apuntan a que este mejor desempeño económico estará acompañado de fricciones operativas para el sector empresarial e industrial: el encarecimiento global del crudo y la resistencia de la inflación en servicios mantendrán las tasas de interés en niveles elevados, limitando el abaratamiento del crédito productivo.
Asimismo, la depreciación cambiaria observada y el estrecho margen de maniobra de la política monetaria encarecerán las importaciones de insumos y bienes de capital, lo que exigirá una rigurosa planeación financiera por parte de los negocios frente a un cierre de año dinámico pero sujeto a volatilidad externa.