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ARANCELES DE TRUMP A MÉXICO Y CHINA BAJARÍAN SALARIOS EN EE.UU.

Donald Trump ha optado por defender la idea de la producción “hecha en EU” a casi cualquier costo. Y tal vez consiga más producción estadounidense durante los próximos años, pero si restringe las importaciones chinas, los robots serán los ganadores.

30 Junio 2017

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Otra semana, otra ola de intimidación y bravuconadas por parte del gobierno del Sr. Trump en relación con el comercio. Hace dos meses, Wilbur Ross, el secretario de Comercio estadounidense, anunció tarifas arancelarias sobre las importaciones canadienses de madera, argumentando que éstas estaban debilitando las compañías rivales en EU.

Ahora el enfoque está dirigido al acero. Durante los próximos días se anticipa que el Sr. Ross presente un informe en el que se describa cómo las importaciones de acero barato proveniente de países como China están debilitando las compañías estadounidenses y perjudicando la “seguridad nacional” y los empleos.

Esto pudiera conducir a la imposición de aranceles estadounidenses sobre el acero, una amenaza que ya ha provocado protestas por parte de otros líderes mundiales, incluyendo la primera ministra alemana Angela Merkel.

No está claro cuán extensos realmente serían estos aranceles. Pero una cosa está clara: los funcionarios de la Casa Blanca necesitan urgentemente leer un oportuno análisis del Banco de Pagos Internacionales (BPI) sobre el tema.


Normalmente, el BPI — que opera como un club de bancos centrales — no habla mucho del comercio, centrándose más bien en las finanzas. Pero en la actualidad los bancos centrales occidentales están preocupados por el proteccionismo. Por lo tanto, el BPI incluyó en su informe anual, emitido el lunes, una simulación de lo que pudiera suceder si la Casa Blanca decidiera imponer un arancel del 10 por ciento a todas las importaciones procedentes de México y de China.

Esto revela “una sensibilidad comparativamente significativa de los costos de producción estadounidenses ante los aranceles sobre las importaciones de México o de China”, expuso el BPI; más específicamente, las tarifas arancelarias perjudicarían a las compañías estadounidenses de manera directa e indirecta. El sector de los equipos de transporte sería el que sufriría más, seguido por los sectores de las pieles, del petróleo, de los textiles, de la maquinaria y de los equipos eléctricos.

Pero lo que es realmente interesante — y digno de reflexión por parte de la Casa Blanca, incluso si en realidad todavía no está amenazando con imponer aranceles del 10 por ciento — es que los economistas del BPI también han calculado el impacto potencial sobre los costos laborales.

Esto sugiere que si las empresas de transporte, como los fabricantes de automóviles, quisieran absorber el costo de estos presuntos aranceles para mantener la competitividad de sus productos, tendrían que recortar los costos salariales en un 6 por ciento; en el caso de otros grupos industriales, se necesitaría una reducción de un 2 y un 4 por ciento.

Esto podría significar salarios más bajos. Pero la respuesta más probable es que las empresas simplemente reemplazarían a los trabajadores con más robots.

Después de todo, ya lo han hecho. Tal y como lo demuestra un reciente artículo de los economistas Daron Acemoglu y Pascual Restrepo, la industria estadounidense ha reemplazado a los trabajadores con robots en una sorprendente escala durante los últimos años, particularmente en sectores como el de la fabricación de automóviles (la cual cuenta con un tercio de todos los robots industriales).

De hecho, la economista Laura Tyson calcula, usando los datos de los Sres. Acemoglu y Restrepo, que los robots han desplazado 400,000 empleos manufactureros en EEUU anualmente durante el último par de décadas, lo cual ha ocasionado que la mano de obra manufacturera haya caído un tercio desde 1997, aun cuando la producción se encuentra en niveles récord.

Así es que, si se imponen nuevos aranceles y costos, existe una enorme posibilidad de que los ejecutivos usen esto como excusa para acelerar esa automatización. Y, lo que es peor todavía, es que cuando las empresas estadounidenses instalan robots industriales ellas tienden a comprárselos a Alemania y a Japón, ya que estos países lideran el mundo en el campo de la robótica industrial avanzada.

Hasta ahora, la Casa Blanca no parece haberle prestado mucha — o ninguna — atención a esto. Más bien, el Sr. Trump prefiere defender la idea de la producción “hecha en EU” a casi cualquier costo. Y, por suerte, tal vez consiga más producción estadounidense durante los próximos años.

Esta semana, los consultores de McKinsey publicaron un informe sobre la manufactura estadounidense que argumenta que las condiciones son oportunas para un renacimiento de la industria estadounidense, ya que “las cadenas de valor del mundo están cambiando, lo cual crea una apertura para que EU atraiga más producción”.

En particular, “los salarios están aumentando en las economías emergentes, la automatización debilita el caso del arbitraje laboral y el auge del esquisto ha hecho que la energía sea barata y abundante” en EU. Todo esto podría fomentar la reubicación de vuelta al país.

Pero el problema es que el renacimiento industrial no es lo mismo que la creación de empleos. Por el contrario, la razón por la que las empresas estadounidenses están regresando a EU es precisamente su capacidad de reducir los costos laborales. O, para decirlo de otra manera, si surgen los aranceles del acero, aumentará la fortuna de las compañías acereras estadounidenses.

Los aranceles pueden también ganarle algunas consignas políticas al Sr. Trump. Pero no anticipen que ellos ayuden a muchos trabajadores estadounidenses. Más bien, los “ganadores” serán los robots. Sin embargo, los robots — por supuesto — no votan.

FUENTE: El Financiero 

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