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FORD ENFRENTA LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Ford, la mayor empresa automotriz norteamericana después de General Motors (GM), tuvo una pérdida en sus ganancias (antes del pago de impuestos) de 43% en el primer trimestre de 2017.

05 Junio 2017

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A esto se suma el hecho de que el valor de su stock accionario ha experimentado una caída de más de 40% en los últimos 3 años; y esto ha ocurrido en el contexto de una disminución secular de su participación en el mercado estadounidense, que se ha reducido a la mitad desde el pico de 1970. Ha pasado de 30% a 15% del total en ese período, y lo mismo ha sucedido a escala global, donde su control del mercado internacional se ha reducido de 15% a 7%.

Hay que agregar que la tasa de inversiones en capital de Ford ha sufrido una caída de 20 puntos a contar de 2013, en comparación con la que obtuvo en igual etapa General Motors (GM), su principal rival y competidor.

Lo notable es que este debilitamiento estratégico ha tenido lugar cuando Ford ha logrado ganancias récord en 2015, y ha obtenido la segunda mejor performance de su historia en 2016, mientras experimentaba 3 años continuados de los mejores resultados financieros conseguidos desde la década del 30.

Ford enfrenta una marcada declinación de sus ventas en EE.UU. ante la creciente competencia de las automotrices asiáticas (japonesas y surcoreanas en primer lugar), y el desafío cada vez más vigoroso de los nuevos productores de unidades eléctricas y autónomas (sin conductor), sobre todo Tesla, cuyo valor de activos es ya superior en el mercado a los de la empresa fundada por Henry Ford hace 114 años.

Las automotrices asiáticas han ganado 14 puntos de participación en el mercado norteamericano en los últimos 15 años, y las europeas, primordialmente alemanas, algo menos (8 puntos).

Ford dispone de un fondo de inversiones de capitales líquidos por US$28.000 millones, que se apresta a lanzar, junto con una cifra similar a recaudar en el mercado, en el desarrollo de las nuevas tecnologías eléctricas y autónomas.

El desafío de Ford es múltiple, simultáneo, y convergente. Tiene que incrementar las ventas tradicionales y revertir la pérdida experimentada en el mercado estadounidense, mientras clausura o desactiva los sectores que ofrecen retornos negativos o declinantes, en tanto tiene que multiplicar las inversiones de capital en la industria del futuro, cuya rentabilidad es incierta; y todo esto debe hacerlo en un solo movimiento, caracterizado por la celeridad - la velocidad es esencial –, múltiple y coordinado.

El cierre de las actividades declinantes -por definición de baja productividad– que se ve forzada a realizar la gran empresa automotriz estadounidense tiene por objetivo liberar el capital necesario para realizar las nuevas y gigantescas inversiones en las actividades del futuro, que son ineludibles. Ford se apresta a lanzar inversiones por US$50.000 millones en los próximos 2 años.

La razón por la que la velocidad hace a la esencia de las decisiones que es necesario tomar de inmediato surge del hecho estructural del capitalismo de que EE.UU. y en general el mundo avanzado, incluyendo a China, se encuentra hoy en la fase inicial de una nueva revolución tecnológica y organizativa. Y el crecimiento económico no es en la acumulación capitalista un fenómeno cuantitativo de tipo agregado, sino que es el resultado de saltos cualitativos en el proceso de desarrollo capaces de aprovechar en todo su potencial las nuevas y profundamente disruptivas tecnologías.

Si Ford no lo hace, sus proveedores de robótica e inteligencia artificial (AI) lo harán por él, y se convertirá en una ensambladora rutinaria de componentes ajenos. En ese caso, pasaría de la vanguardia a la retaguardia del proceso de acumulación, y el siguiente paso sería la irrelevancia, la desaparición.

Tesla, el principal fabricante de unidades eléctricas en EE.UU., es la contracara de Ford. Su valor de mercado es US$5.000 millones superior al de Ford, y esto ocurre cuando vendió 100.000 unidades el año pasado, mientras que Ford colocó 12 veces más (1,34 millones). Tesla no tuvo ganancias en 2016 y Ford logró un récord histórico en 2015.

El caso Ford revela los desafíos que enfrentan las grandes empresas manufactureras norteamericanas ante la nueva revolución industrial, cuando el sistema productivo –originado en la segunda revolución industrial (1873/1940)– quedó definitivamente atrás, y los nuevos motores del crecimiento aún no han mostrado su rentabilidad.

Según Cisco, la nueva revolución industrial tiene en EE.UU. el siguiente significado: implica un incremento de valor de US$14 billones en 8 años (27% corresponde a la manufactura/US$3,88 billones), con una tasa de retorno de US$1,6 billones.

Por eso es que el gasto en capital se duplica en 10 años (pasaría de US$11 billones a US$24 billones en 2025), y cubriría entonces 25% de las actividades manufactureras (hoy es 10%).

Ford está en el medio de este vendaval económico y productivo.

FUENTE: Clarín

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