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COAHUILA, EL MAL AÑO AUTOMOTRIZ

A la industria automotriz le debe la Región Sureste de Coahuila el haber dejado de ser aquel remanso de olvido en la geografía del progresista norte del país. 

29 Mayo 2017

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En efecto, sobre todo Saltillo, pero también las infradesarrolladas municipalidades colindantes, era una zona de muy escasa actividad económica, salvo la ligada a la industria metal mecánica, que pese a su importancia relativa, difícilmente se podría decir que era el motor del crecimiento regional, por el contrario, se había interesado en crear y ocupado en mantener un cacicazgo que sumió a esta parte de Coahuila en el atraso por varias décadas.

Ah, pero a la llegada, promovida desde la administración pública estatal en tiempos de Óscar Flores Tapia según algunos, que obedece a planes supranacionales según otros, o fortuita y apegada a las incomprensibles leyes del mercado de acuerdo a algunos especialistas, de las armadoras de automóviles, la realidad económica y social de la entidad se transformó radicalmente, no siendo exagerado decir que entramos a fuerzas en una modernidad que era deseable pero a la que no se le aplicaba demasiado entusiasmo.

De aquellos años setenta a la fecha, la decisión de instalar las primeras plantas de Chrysler y General Motors ha demostrado haber sido correcta, y tanto, que luego de ello estas han sufrido grandes ampliaciones, han creado sólidas y amplias cadenas de proveeduría con empresas transnacionales y nacionales instaladas en la región, contribuyendo a la generación de un polo industrial y de negocios que hace medio siglo no existía. Pero no todo ha sido una relación de amor o siquiera amistad entre los saltillenses y la industria automotriz, todo lo contrario, ha habido situaciones complicadas, desencuentros, desencantos, y los necesarios ajustes, porque en una convivencia obligada, ambas partes han tenido que ceder algo para obtener otro algo, y así es como hemos ido, y continuaremos en el futuro, que a pesar de las amenazas que han aparecido en el horizonte, es muy probable que queden solamente en eso, por lo menos en el corto plazo.

Siendo económicamente tan poderosas las armadoras, se ha llegado a establecer una relación de simbiosis entre ellas y la región en que están asentadas, la lógica es que si a las empresas les va bien, a Coahuila le va bien, hay derrama económica, hay empleos, hay contratos, hay impuestos, todo lo que incluye la dinámica de progreso en el modelo capitalista, pero al revés, si a la empresa le va mal, todos los sectores vinculados directa e indirectamente a la producción comienzan a sufrir, se pierden fuentes de trabajo, baja la captación de contribuciones, deja de dar vueltas el dinero, y todos comienzan a sufrir.

¿Quién lo iba a pensar, que un sitio tan alejado de las noticias de todo el mundo, del centro, de la economía y de sus vaivenes de repente iba a estar obligado a mantenerse pendiente de las veleidades del mercado, específicamente del mercado automotriz de los Estados Unidos, que es a donde va a dar principalmente la producción de las plantas instaladas en territorio coahuilense. Si un carro se vende bien, se mantiene la línea de producción, si se vende mal, se cancela la misma, si hay suerte, se sustituye con otro modelo u otro proyecto, y si no, pues allí queda.

Para bien o para mal nos hemos tenido que acostumbrar a que en los medios de comunicación aparezcan notas en el sentido de que tal planta entra en paro técnico, que se reduce la jornada laboral o que se cancela un turno completo de trabajo, eso cuando no se habla de despidos masivos por suspensión de una línea, eventos que traen aparejada la afectación de toda la cadena de proveedores para ese producto específico. Claro que también están las noticias optimistas de la alta calidad de la mano de obra local, de los premios de productividad obtenidos, del traslado de líneas de producción de otros sitios a las plantas locales, las cuales no logran siempre compensar la tendencia negativa. Y es que tanto es lo que ahora depende de industria automotriz para la estabilidad económica de la región, que qué quisiéramos nosotros que a esta siempre le fuera bien y cada vez mejor.

Sin pretender ser aves de mal agüero, es necesario estar conscientes de que los primeros cuatro meses del año no han sido nada buenos para la industria automotriz en el mercado norteamericano, del que repetimos, dependemos en alto grado. Según datos de Reuters y de Bloomberg, General Motors, el primer fabricante en los Estados Unidos, tuvo una baja de 6%, Fiat Chrysler, una pérdida de 7% por lo que hace a las locales, pero también Ford perdió 7.2% y Toyota 4.4, siendo los menos afectados Nissan y Honda todavía con números negativos, y solamente VW Audi tuvo comportamiento positivo.

Con los datos de abril se ligan cuatro meses continuos a la baja, lo que significa por un lado que los carros nuevos se están quedando en las agencias, lo que a su vez redunda en que los carros recién fabricados se estén quedando en los patios. Si los inventarios del mes de diciembre eran de 70 días, en el momento actual ya llegan a cien días, lo que en pocas palabras quiere decir que no tardan en reducir drásticamente las operaciones hasta en tanto no bajen los inventarios, desencadenándose una larga lista de efectos secundarios allí donde están instaladas sus plantas, para no ir más lejos, acá en la región sureste de Coahuila.

Algunos analistas dicen que es que la industria automotriz ha entrado en un estancamiento, aunque los más pesimistas dicen que esto no es así, que se trata de una caída en serio, y son ellos los que predicen que este año será muy malo para la venta de automóviles nuevos, con la obvia urgencia de dejar de producir lo que no se puede comercializar.

Se lo estamos diciendo en mayo casi junio para que lo tenga en cuenta, esto es un asunto que se advierte en otras latitudes del continente, y que sin embargo repercute fuertemente en la economía de nuestro entorno inmediato. No estamos hablando, todavía, de que se vaya a hacer necesario adoptar medidas de emergencia económica, pero sí puede ser una fuerte afectación a una estabilidad a la que quizá nos habíamos acostumbrado indebidamente. Aunque se comentó poco en su momento, la buena noticia de que al menos para los próximos seis meses no se contempla el impuesto fronterizo al cruce de automóviles fabricados en México, esto no fue lo suficientemente prometedor como para que la industria esté teniendo un buen año, y sus efectos se comenzarán a notar más que pronto.

FUENTE: El Diario de Coahuila

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