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DESPLAZA TECNOLOGIA MÁS EMPLEOS

En la era de la cuarta revolución industrial y la Industria 4.0, como la llaman los expertos, las innovaciones en ciencia y tecnología reviven los malos presagios del siglo XIX sobre el futuro del empleo en el mundo.

27 Abril 2017

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Hay motivos de preocupación. En el reporte TheFuture of Job, de 2016, el WEF prevé que entre 2015 y 2020 desaparecerán 7 millones empleos, como consecuencia de la transformación tecnológica de la industria, los servicios y los negocios.

"También prevé que 35% de las habilidades profesionales clave de hoy cambiarán en el mismo plazo", dice Gerardo García, de la consultora Mercer, especializada en recursos humanos y colaboradora en el informe elaborado por el WEF.

La OCDE calcula que en sus países aproximadamente 9% de los trabajos está en "alto riesgo" de automatización, mientras sus cifras de empleo caen en manufactura y suben en servicios, sobre todo a partir de la crisis financiera de 2008 que disparó la desocupación en todo el mundo.

Estos cambios ya tienen consecuencias, por ejemplo, en la industria automotriz, una de las más automatizadas entre las manufacturas. En este sector la tecnología aceleró la producción de autos, aumentó la productividad y, también, "la sustitución de empleos", advierte David Castro, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en temas laborales.

"Cuando abrió la primera línea de producción de General Motors en Ramos Arizpe, Coahuila, había entre 1,600, 1700 trabajadores. Ahora, con la tercera parte quizá se produce el doble", dice.

Pero la amenaza también es oportunidad. Como parte de este tránsito que supone la cuarta revolución industrial, habrá nuevas vetas de empleo. El WEF apunta que 65% de los niños que hoy cursan primaria trabajará en empleos que todavía no existen.

Cabeza intermedia

Entre más tecnificados y automatizados son los sistemas de producción, más alta será la productividad, mayor la necesidad de mano de obra calificada y menor el empleo. Esta es la ecuación que predomina en el mundo del trabajo, especialmente en las manufacturas.

El sector automotriz es un ejemplo. El reporte TheFuture of Job, del WEF, afirma que esta industria proyecta bien el impacto en el empleo de las tecnologías más innovadoras como la robótica de última generación, el transporte autónomo, la impresión 3D y las fuentes alternativas de energía.

En el mundo, este sector produce 90 millones de autos al año, con 8 millones de trabajadores y 70,000 robots, de acuerdo con cifras de la Organización Mundial de Fabricantes de Autos (OICA, por sus siglas en francés).

"Se calcula que por cada millón de dólares que invierte el sector se crean 10 plazas de trabajo", dice Castro. "Una cifra muy baja, en realidad".

En el sector petrolero el gobierno calculó en 2013, año de la reforma energética, que por cada millón de dólares de inversión habría 2.7 empleos directos, según el Programa Estratégico de Formación de Recursos Humanos en Materia Energética.

Pero en energía las cosas no han salido bien, dice Castro. En 2013, el gobierno calculó que México necesitaba formar un mínimo de 135,000 expertos para cubrir la demanda de la industria energética y actualmente, con la caída del precio del petróleo, la baja producción y el avance lento de la reforma, este sector tiene la tasa de desempleo más alta entre las profesiones: 25.6%, de acuerdo con el estudio "Carreras comparadas", del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). En comparación, la tasa de desocupación nacional fue de 3.7% al cierre de 2016.

La industria automotriz mundial también tuvo un pronunciado declive a partir de la crisis de 2008, que en México impactó a los estados que concentran la producción de autos. "En Coahuila -que es segundo lugar nacional en la manufactura automotriz- el sector cayó 40% en 2009", dice Castro.

Por eso Castro recomienda impulsar otros nichos de actividad industrial que reduzcan la vulnerabilidad económica regional. Aunque lo ideal sería innovar con nuevos materiales, fuentes de energía y diseños, dice. "Así, en lugar de armar vehículos, podríamos impulsar nuevas capacidades y abrir nuevos yacimientos de empleo", dice el investigador.

Ambos sectores, sin embargo, son una fuerza generadora de empleo indirecto. La OICA calcula que cada puesto de trabajo directo en la industria automotriz potencia 4 ó 5 más, y en el sector energético son 7, según el Gobierno federal.

PÉRDIDA DE EMPLEO PROGRESIVA

Aunque la crisis de 2007 sacudió a todas las economías, la pérdida de empleo en el sector de las manufacturas ha sido progresivo desde 1980.

Estados Unidos, por ejemplo, el empleo en manufactura perdió 7 millones de empleos al pasar de 19.5 millones en 1979 -su pico más alto- a 12.3 millones en 2015, de acuerdo con el Bureau of Labor Statistics. La mayoría desapareció entre 2000 y 2010 (5.6 millones). En este período, la responsabilidad del declive en el empleo industrial no fue la recesión, sino la automatización tecnológica, que hizo desaparecer 85% de esos puestos de trabajo, de acuerdo con el Centro para los Negocios y la Investigación Económica de la Universidad de BallState.

El presidente Donald Trump culpa a China, Japón, México y el Tratado de Libre Comercio de la pérdida de empleo en su país, pero la tendencia se repite en todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de acuerdo con el Bureu of Labor Statistics, de Estados Unidos.

La International Comparisons of Annual Labor ForceStatistics demuestra que entre 2000 y 2010 la pérdida de empleo en el sector industrial varió de 35% en el Reino Unido (el más alto) a 11% en Alemania (el más bajo). En Japón fue de 20% y de 18% en Corea.

"Es una verdad obvia que los sectores más automatizados requieren menos trabajadores para operar", dice el investigador Enrique de la Garza, de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Las distintas revoluciones industriales demuestran, dice, que la tecnología no trae consigo pérdida de empleo ni repuntes de desocupación, porque allí donde desaparecen trabajos, aparecen otros.

El problema es que hoy los sectores industriales de alta tecnología no tienen tanta capacidad para absorber toda la demanda de empleo, y ahora los servicios cumplen con este papel, explica De la Garza.

"En Estados Unidos, Europa y México los servicios representan el mayor porcentaje de Producto Interno Bruto y del empleo", dice el investigador.

Estados Unidos lo refleja. De acuerdo con el Bureu of Labor Statistics, al mismo tiempo que ese país perdió 7 millones de empleos en la manufactura creó 53 millones en servicios, la mayoría (63%) en sectores de alto valor como las actividades financieras, donde el salario promedio por hora es de 32.19 dólares, en comparación con los 25.61 dólares de la manufactura.

En México, en cambio, la sustitución ha significado precariedad laboral, dice De la Garza. Malos empleos, bajos salarios y sin seguridad social para la mayoría de quienes no encuentran trabajo en sectores de alta tecnología, concentrados en muy pocas empresas.

"La gente desplazada por la automatización se mueve al sector informal o de servicios de bajo valor agregado, donde las condiciones, los salarios y la seguridad en el empleo son peores que en la industria", afirma De la Garza.

"El plato fuerte del trabajo en México", dice, son los servicios y la maquila, que han contenido las tasas de desempleo en México.

El problema no es local. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) asegura que el reto laboral más urgente en el mundo no es la falta de empleo, sino la necesidad de crear "trabajo decente".

En su reporte "Perspectivas sociales y del empleo en el mundo. Tendencias 2016", la OIT advierte que en 2015 había 197.1 millones de personas en el desempleo y calcula que para 2017 aumentarán a 200.5 millones.

En contraste, la precariedad laboral afecta a 1,500 millones de personas, casi la mitad (46%) de los trabajadores del mundo.

TECNOLOGíA, MOTOR DE CRECIMIENTO

Hay otro lado de la moneda. La innovación, la tecnología, la automatización y digitalización también son motores de cambio, desarrollo económico, igualdad y bienestar social.

El nuevo conocimiento científico a su vez ofrece oportunidades que se pueden aprovechar no sólo para las tecnologías de los procesos, sino también para el desarrollo de nuevos productos.

Pero en México el horizonte se cierra en el presente: en la necesidad de levantar la productividad de su industria, animar el mercado interno, crear 1 millón de empleos al año, mejorar las condiciones laborales, detener la caída del ingreso y satisfacer la demanda de talento de sus sectores productivos.

El escenario laboral está cambiando de manera "muy drástica", dice García, de Mercer. En el país hay "una ruptura", afirma, que hará desaparecer al menos 37% de las habilidades profesionales en áreas administrativas, de manufactura, producción, construcción y de servicios.

En cambio, crecerá la demanda de profesionales en ciencias de la computación, ingeniería mecánica y metalúrgica, electrónica y automatización, física, matemáticas, estadística y la big data. Esto es el análisis de grandes conjuntos de datos, que se ha convertido en el insumo más valioso para toda actividad económica, porque permite optimizar recursos, mejorar la calidad de la producción, ahorrar energía e innovar en equipos.

México, por el momento, no tiene talento suficiente para satisfacer la demanda de industria y servicios de alta tecnología. "Sin duda hay escasez", dice García.

"La automatización, la hiperconectividad, el cambio tecnológico y la especialización demandan capacidades que no es fácil encontrar hoy entre la población económica activa", dice.

La Comisión Especial de Fortalecimiento a la Educación Superior y la Capacitación para Impulsar el Desarrollo y la Competitividad asegura que a 4 de cada 10 empresas les cuesta mucho trabajo cubrir sus vacantes porque no encuentran a la gente con el perfil adecuado.

La paradoja es que "la poblacio→ n en edad de trabajar no encuentra empleo y las empresas tampoco consiguen el talento que necesitan para crecer", afirma Hays, consultora de recursos humanos, en su Reporte Laboral 2015.

Para García, de Mercer, hay una razón en particular: las escuelas siguen educando con base en modelos tradicionales, que no consideran el cambio de paradigma laboral.

También tiene que cambiar la estructura de las empresas, dice De la Garza, porque 99.2% son pymes que no tienen capacidad para absorber talento.

De acuerdo con la Comisión Especial de Fortalecimiento a la Educación Superior y la Capacitación para Impulsar el Desarrollo y la Competitividad hay 4.9 millones de pequeñas medianas empresas que no pueden proveer puestos de trabajo acordes con las condiciones del capital humano.

"Aun si todos los jóvenes tuvieran una excelentemente formación, tendríamos expertos en informática conduciendo taxis o vendiendo en la calle".

Hemos llegado al punto donde todos los expertos coinciden: si el país quiere formar parte de la cuarta revolución industrial, avanzar hacia la Industria 4.0 y garantizar que en el futuro habrá más y mejor empleo, es necesario fortalecer la educación, invertir en ciencia y tecnología y amarrar bien la triple hélice que integran academia, gobierno y empresa.

Para conectar todos los factores y a todos los protagonistas de la escena laboral es necesaria una política de largo plazo, que vaya más allá de las cifras de creación de empleo, coinciden Castro y De la Garza.

"Necesitamos saber hacia dónde ir, cómo llegar y cómo queremos vernos en 20 años", dice Castro

FUENTE: El Siglo de Torreón

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