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¿POR QUÉ LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ MEXICANA CONTINUARÁ CRECIENDO A PESAR DE TRUMP?

Los recientes anuncios de cancelaciones de inversiones en México y las amenazas realizadas a otras compañías del sector automotriz, han incrementado las preocupaciones respecto al futuro inmediato de la industria en el país

04 Abril 2017

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Los recientes anuncios de cancelaciones de inversiones en México y las amenazas realizadas a otras compañías del sector automotriz, han incrementado las preocupaciones respecto al futuro inmediato de la industria en el país; aunque estos anuncios pudieran seguir en el futuro inmediato y tendrían un impacto negativo, una cancelación masiva y generalizada de inversiones no es probable. Aunque Estados Unidos tiene mucho margen de acción, en KPMG creemos que una industria con más de 90 años de historia en el país seguirá creciendo.

Recientes anuncios como Ford cancelando sus inversiones en México y las amenazas realizadas a otras compañías del sector, han incrementado las preocupaciones respecto al futuro inmediato de la industria en el país.

Aunque la cancelación de esta y otras inversiones que pudieran seguir en el futuro inmediato tendrían un impacto negativo, una cancelación masiva y generalizada de inversiones no es probable. A continuación se explica por qué:

El año pasado, las ventas de vehículos ligeros en Estados Unidos cerraron en 17.5 millones de vehículos, el nivel más alto de los últimos 10 años; tendencia que continuará de manera sostenida aunque sí limitada.

Al mismo tiempo, 11.8 millones de vehículos fueron producidos en Estados Unidos en 2015 y se espera que 2016 cierre con aprox. 12 millones. Un total de 8 millones de vehículos se importaron y poco más de 2 millones se exportaron durante 2015, lo que significa un déficit comercial de cerca de 6 millones de unidades entre el mercado estadounidense y el resto del mundo.

Hay que destacar que México – con una participación de 26% en el total de importaciones – fue el mayor exportador de autos a Estados Unidos, al superar por primera vez a Canadá y Japón. De acuerdo con Alternativas Competitivas, un estudio de KPMG, los costos de producción automotriz en México son 12.3% más bajos que en Estados Unidos, 8.6% que en Japón y 4.6% que en Canadá. Sin embargo, esta es solo una de las fuentes de la competitividad del país; la relación precio-calidad de la mano de obra mexicana es indudablemente la mejor a nivel mundial. A esto se debe que algunas marcas de autos de lujo consideran a México como pieza clave.

Por otro lado, en 2015, Estados Unidos tuvo un déficit de consumo) de 7.4 millones de vehículos; de hecho, se importaron 8 millones y casi 600,000 vehículos se quedaron en inventario (vehículos importados en 2015, pero que no fueron vendidos ese periodo). Y, aunque México fue la principal fuente de vehículos importados, únicamente exportó 2 millones de vehículos mientras que 6 millones de automóviles se importaron de otros países.

Estados Unidos ha incrementado la utilización de su capacidad instalada de forma dramática, de 72% en 2011 a 100% en 2015. Con una demanda creciente y en la ausencia de anuncios de incrementos importantes en la capacidad instalada, este déficit continuará creciendo en el largo plazo.

Por lo tanto, el principal argumento consiste en que un impuesto generalizado a la importación de vehículos mexicanos no tendrá el efecto previsto, a menos que vaya acompañado de:

Impuesto similar aplicado a las importaciones de Japón, Canadá, Corea, Alemania, el Reino Unido, y todos los demás exportadores

Un incremento muy importante de la capacidad instalada en un periodo corto de tiempo

Ahora bien, si Estados Unidos aplica dicho impuesto, ¿quién pagará por ello? Tarde o temprano este costo adicional será trasladado al consumidor. Si Estados Unidos logra de alguna manera incrementar de manera automática su capacidad instalada – tarea poco probable pues una planta promedio lleva más de 2.5 años en construcción– un incremento aproximado y también automático de 8.6% le seguirá; en pocas palabras: el consumidor terminará pagando por esta decisión. Los consumidores estadounidenses muy probablemente no apoyarán esta política, aunque esté acompañada por empleos e inversiones adicionales. Las externalidades negativas pueden ser mayores que los beneficios previstos, e incluso podrían llegar al terreno político.

La única alternativa – además de una improbable reducción adicional a los márgenes de los fabricantes de equipos originales (OEM) – es absorber los incrementos en los precios mediante subsidios, pero, nuevamente ¿quién pagaría por estos subsidios?

Aunque Estados Unidos tiene mucho margen de acción, una prohibición unilateral a las importaciones de México sería una solución limitada a un problema mucho más complejo. En suma, los anuncios recientes, en el largo plazo, no impactarán a una industria con más de 90 años de historia, ni a una dinámica comercial que se ha construido y fortalecido en las últimas dos décadas.

Nota 1: El déficit en el consumo es ventas internas – (producción – exportaciones), por lo tanto no necesariamente equivale a las importaciones.

Nota 2: Las ideas y opiniones expresadas en este escrito son del autor y no necesariamente representan las ideas y opiniones de KPMG en México.

FUENTE: KPMG 

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